Sobre la noticia del día en Colombia: el intento de activistas de un partido político cristiano por torpedear un proyecto de ley que prohíba las inhumanas terapias de conversión para «curar» a personas LGBTIQ+.

Se alega el derecho a la libertad religiosa pues, según ellos, los líderes y consejeros de iglesias cristianas deberían tener esta libertad para ayudar a personas que se acerquen a sus comunidades. Esto parte, por supuesto, de una visión de la realidad según la cual la diversidad sexual obedece a trastornos mentales y la heterosexualidad es la única orientación aprobada por la Biblia.

Es vergonzoso y doloroso que estos autonombrados representantes de la fe cristiana nos pongan nuevamente en boca de todo el mundo como una religión retrógrada, intolerante y en contra de la igualdad de derechos civiles.

Necesitamos comprender que el pensamiento cristiano no es monolítico, que existe una amplia diversidad en la fe, que para ser cristiano no es obligatorio adherirse a agendas conservadoras y, por encima de todo, que el respeto por la dignidad de las personas debe imponerse sobre las convicciones religiosas.

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