¿Les suena familiar esa frase? Cuando los cristianos estamos discutiendo y comparando argumentos, básicamente sobre cualquier tema existente (porque es tan poquito en lo que estamos de acuerdo) vamos soltando nuestras conclusiones poniéndole ese remate de autoridad divina. Pero, ¿cómo podemos estar seguros que las cosas que sacamos de la Biblia no están sesgadas por nuestro punto de vista subjetivo? ¿Cómo podemos saber hasta dónde nuestra propia experiencia afecta nuestra percepción de la fe, de la vida, de la realidad?

En mi episodio editorial de este mes les cuento algunas conclusiones a las que he llegado en la búsqueda de convivir con el hecho de que hay cosas subjetivas que nunca dejarán de serlo y cosas objetivas que definitivamente no se pueden cambiar. El truco, creo yo, está en no tratar de hacer pasar unas por otras y viceversa. ¡Que lo disfruten!

Temas en la conversación

  • 00:00 | Introducción
  • 06:12 | ¿Estamos los cristianos de acuerdo en algo?
  • 13:34 | El cambio, la subjetividad y la pluralidad: ejemplos científicos
  • 27:39 | De dónde viene lo que vemos al momento de leer la Biblia
  • 39:13 | Por qué deberíamos cuestionar los dogmas que son incuestionables
  • 43:28 | Las búsquedas más frecuentes de la gente en Google sobre la Biblia
  • 47:32 | Conclusiones

Frases destacadas

Notas del episodio

Transcripción

Hoy es agosto 19 de 2021. Este podcast se llama Notas Sueltas y dice así.

[SUENA MÚSICA INTRO]

¡Buenas, buenas! Qué se dice pues, qué se comenta, qué hay pa hacer, qué vamos a dañar en este episodio… Qué hay pa’ anchar, decimos en Medellín.

Les doy la bienvenida a este episodio nuevo del podcast. Episodio número 42. El número 42, por si no lo sabían, es la respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás. Y si no me creen, lean “La guía del autoestopista galáctico”, un libro maravilloso de ciencia ficción escrito por Douglas Adams en 1979. Y también hay una película que… bueno, pues… sí, es buena. Véanla. Podemos hacer un episodio de curiosidades ñoñas no teológicas, como por ejemplo sobre ese número 42, que en binario es 101010. Pero bueno, este episodio de por sí va a ser bien ñoño, entonces todavía no nos metamos en eso.

La segunda temporada de Notas Sueltas sigue adelante y las conversaciones que he tenido… ¡y las que vendrán después de estas! Ah, bueno, y no puedo dejar de mencionar que este mes el podcast cumplió 1 año desde que publiqué el primer episodio. Muchas cosas han pasado por aquí desde eso, ¿no? Yo la verdad les agradezco mucho que se tomen el tiempo de escuchar, de venir luego de escuchar a hacerme comentarios o preguntas sobre lo que se conversa aquí. 

Hay una pregunta interesante que me han hecho varias personas… ese dicho que es así, como todo influencer… para todos los que me han estado preguntando… jajaja… Pero entonces alguien vino en estos días y me preguntó, me escribió: “Abner, ¿tú crees todo eso que hablan contigo? Porque nunca les llevas la contraria, es como si siempre estuvieras de acuerdo con todo”. 

Pues, claro que no. De hecho, no creo casi en nada últimamente, jajaja… pero, pues yo lo que abro aquí es un espacio para conversar, para escuchar puntos de vista y aprender de las experiencias de otras personas. El asunto es que estamos tan acostumbrados a tener que calificar lo que la otra persona está diciendo, o eso me parece a mí. Entonces alguien nos empieza a exponer sus ideas, e inmediatamente empezamos a compararlo internamente con un checklist de “falso” o “verdadero” que tenemos construido. Con esto estoy de acuerdo, con esto no tanto…

Parce… ¿y qué? O sea, díganme por qué es relevante para el funcionamiento de la humanidad si yo estoy de acuerdo o no con lo que otro está diciendo. A mí lo que me parece es que de todas las voces se puede aprender, de todas las voces se pueden tomar cosas valiosas para mi crecimiento personal. Y, particularmente en esto de la fe, de todas las vivencias que otras personas hayan tenido en su caminar con Dios, se pueden tomar lecciones positivas, no es necesario si yo lo considero ajustado a mi doctrina, a mis propias convicciones. Que es válido tenerlas, por supuesto, es válido que yo crea o no en algo. Pero traer eso a cualquier conversación con otra persona, me parece que le resta valor a lo que podría obtener uno de interactuar con el universo de experiencias que es otro ser humano.

Y en últimas, ¿qué más es la Biblia, por ejemplo, sino eso? Una recopilación de experiencias, vivencias, fracasos, temores, esperanzas, de personas parecidas a nosotros… bueno, con otros contextos distintos y otras realidades, pero en últimas, seres humanos buscando conectarse con Dios. Soñar con lo que Dios podía hacer con ellos y con ellas, y a través de ellos y de ellas.

Pero bueno, de eso vamos a hablar enseguida. Antes de entrar a desarrollar lo que tengo para decir en este episodio, unos cuantos anuncios parroquiales, como de costumbre. Estaba diciendo que muchas gracias por tomarse el tiempo de escuchar, por seguir este podcast y las otras cosas que hacemos en el Cancionero Cristiano. Proponemos espacios para reflexionar sobre la fe, a partir de la música, de los himnos, de charlas con otra gente, de las preguntas teológicas. No hay mucho más que eso, pero pues me alegra que de una u otra manera ustedes crean que eso les sirve. Y muchas gracias por pasarse por aquí. 

Vea, un favor. Si están escuchando esto desde Apple Podcasts, la plataforma de Apple tiene una importancia especial para que un podcast sea más visible y más gente lo pueda escuchar. Entonces, si usan esta plataforma, les agradezco enormemente que se tomen 2 o 3 minuticos para dejar una calificación, ojalá buena jejeje… y una reseña. Un par de frases corticas: me gusta este podcast porque esto y esto y aquello. Eso de verdad que ayuda un montón a posicionar este contenido.

Y lo mismo vale para todos los demás contenidos. Apoyen a la gente que hace esto en redes sociales, los posts, los videos, los en vivo… si pueden, vayan y comenten, compártanlo, dejen reacciones. Eso no solamente anima mucho a las personas que se toman el trabajo de construir contenidos para todos nosotros, sino que también le da visibilidad para que otras personas lleguen a conocerlo. Esto lo digo para los contenidos que hago yo, pero por supuesto, para otro montón de amigos y amigas que están proponiendo cosas bacanas en redes sociales desde lo teológico, lo artístico, lo pastoral. Eso en serio es muy valioso.

Y por último, Patreon. Muchas gracias a las personas que se han unido al programa de membresías en Patreon. Algunos incluso me ayudan con ideas para los contenidos, y claro, también participan con memes de buena calidad. Muy importante. Entonces, si quieren saber de qué se trata eso de Patreon, vayan a Patreon.com/cancionerocristiano y van a ver cómo se pueden unir. Apoyan desde $1 al mes en adelante, haga de cuenta que me están invitando a un cafecito, y obtienen beneficios de contenido exclusivo, estrenos adelantados y otras cosas bellas que podemos hacer juntos. Allá los espero.

¡Y listo! Esa es toda la publicidad por hoy, porque ya sé que están pensando… bueno, el episodio, ¡el episodio! Pues aquí está el episodio. Y el episodio se llama “No lo digo yo, lo dice Dios”. 

Y voy a hacer algo particular en este episodio y es que les voy a decir ya mismo cuál es la idea central, porque tengo el presentimiento de que me voy a pegar una explayada pero la cosa más impresionante. A lo que quiero llegar en este episodio es a que seamos capaces de entender nuestra experiencia con la Biblia como un equilibrio de dos componentes: mi percepción personal y una realidad más objetiva. Creo que esas dos cosas deben convivir en equilibrio si no queremos echar a perder la fe. Y entonces les voy a hablar los próximos minutos acerca de eso.

Entonces… “No lo digo yo, lo dice Dios”. ¿Cuántas veces habremos escuchado esa frase? Es más, para vergüenza mía tengo que decirlo. Muchas veces en mi vida yo he dicho esa frase. Pero eso era cuando no conocía el cristianismo progre, ahora que vivo con una visión empobrecida de la Biblia ya no lo he vuelto a decir. Jejeje… esto es una alusión a un post que vi por ahí en estos días, y que les dejo en las notas del episodio, que lista unas características del “Cristianismo Progresista”. Vea, una cosa hermosa: “una visión empobrecida de la Biblia, los sentimientos se enfatizan sobre los hechos, las doctrinas cristianas esenciales están abiertas a la interpretación, los términos históricos son redefinidos, el corazón del mensaje del evangelio cambia del pecado y la redención a la justicia social”. Pues suena como a lo que hago en mi día a día, o sea que sí debo ser cristiano progre. Yo me levanto por la mañana, desayuno y digo: bueno, cuáles términos históricos estarían buenos para redefinir hoy…

Pero miren, qué interesante, ahí de primero está eso de la visión empobrecida de la Biblia. Ya hemos conversado parejo sobre este tema aquí en el podcast, con gente que sí sabe un montón al respecto. Y bueno, también uno de los primeros episodios del podcast tuvo que ver mucho con eso, desde la historia de la formación de la Biblia y el asunto de la inspiración. “Como dice Dios en su palabra”, es el título de ese episodio. Se los recomiendo. Bueno, y desde la teología y las ciencias bíblicas, por ejemplo, se advierte sobre esto de leer la Biblia usando el foco equivocado. Porque a la Biblia se le puede poner a decir cualquier cosa, prácticamente.

Y lo que ponemos a decir a la Biblia revela mucho acerca de cómo somos nosotros. Leemos y entendemos la Biblia, y bueno, en general toda la realidad, ahorita vamos a hacer un poquito de zoom en eso, pero agarramos la Biblia y la abrimos y la vemos desde nuestra mirada muy subjetiva, así no queramos reconocerlo. Yo no leo la Biblia desde el vacío, sino que llego con un montón de ideas heredadas, adquiridas por el estudio, enseñadas por alguien a quien yo le reconozco autoridad, etc. Precisamente ahí está la utilidad de las ciencias bíblicas y de la teología y de todas esas ciencias y disciplinas asociadas, para ubicarnos un poco más cerca de lo que podrían tener en mente los autores y las comunidades que produjeron los textos bíblicos. Por eso les recomiendo seguir a la gente que habla de eso en redes, qué bueno pues que tenemos gente haciendo eso en los últimos años, porque la mayoría no tuvimos la oportunidad de ir a la academia a formarnos específicamente en esos temas, pero pues ahí tenemos a los que sí saben.

Pero miren que, lastimosamente, una gran población de los cristianos no tienen esa actitud. “Vamos a preguntarle a la gente que sabe de eso”, o preguntarse, “¿hay algo en mi experiencia personal que me haga inclinarme más hacia unas conclusiones que hacia otras?”. No, mucha gente lee la Biblia y cree que realmente ahí está Dios hablándole, que eso fue escrito para ellos, que lo que dice ahí hay que obedecerlo sin chistar, que ese es el manual para vivir.

“Es que no lo digo yo, lo dice Dios”, volvamos a esa frase, que se escucha y se lee mucho. Discutimos sobre temas de controversia, pues casi todos los temas son de controversia, porque las cosas en las que los cristianos estamos de acuerdo son realmente muy poquitas. Miremos el credo de Nicea, por ejemplo, uno de los intentos más antiguos por unificar lo que debe creer una persona para llamarse “cristiana”. Año 325 después de Cristo, llegamos a estas conclusiones:

“Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador de todas las cosas visibles e invisibles”… bueno, hasta ahí todo muy bien, excepto de pronto porque pensamos en eso de “creador” por un lado, y por el otro están los descubrimientos científicos que apuntan a modelos evolutivos para el origen y el desarrollo de la vida, y tenemos el modelo del Big Bang para explicar cómo se originó el espacio y la materia y el tiempo. Bueno, ahí ya tenemos un primer territorio de controversia, porque para algunos cristianos no hay ningún problema en decir: “listo, entonces el Big Bang fue una acción creadora de Dios, y la evolución fue la manera en la que Dios hizo que se desarrollara la vida en la tierra”. 

Pero, para otros no, ¡cómo se le ocurre! “Esas son mentiras satánicas para tratar de quitar la fe en Dios, cómo vamos a aceptar esas ideas ateístas de que todo viene de una explosión…”. Bueno, ahí vale la pena aclarar, por un lado, que el modelo de donde se empezó a desarrollar esta teoría fue planteado originalmente por un sacerdote, Georges Lemaitre. Y que no tiene nada que ver con una explosión, porque una explosión necesita espacio y, según ese modelo, el espacio no existía antes del Big Bang. El modelo se remonta más bien a una especie de expansión y creación simultánea del espacio, el tiempo y la materia, que estaban agrupados en algo que se conoce en física como una singularidad. Si les interesan esas cosas, después hablamos más de eso.

Entonces… “Creemos en un solo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; unigénito nacido del Padre, es decir, de la sustancia del Padre”… Ay, esto sí que es un dolor de cabeza doctrinalmente para los cristianos. ¿Qué significa que Jesús es Hijo de Dios? Para algunos significa que fue creado, para otros que fue engendrado, para algunos eso significa que Jesús es el mismo y único Dios, para otros es una persona separada del Padre, entonces ahí entramos a la concepción del Dios Trino. Y bueno, ahí tenemos para pelear un buen rato.

Y así sucesivamente. ¿La salvación? Ahí podemos pelear sobre si se pierde o no se pierde, si es por gracia solamente o hay intervención humana, si predestinación o no predestinación, y un montón de etcéteras. ¿Los sacramentos? Si el bautismo quita el pecado, o es solamente un símbolo, si Jesús está en el pan y en el vino, o son solamente recordatorios de su muerte. ¿El regreso de Jesús? Ay, bendito… rapto secreto, antes de la tribulación o en medio de la tribulación, se van todos o se quedan unos, hay reino milenial o no… En fin… Creo que ya demostré mi punto.

Y entonces lo que sucede es que cada facción defiende su conjunto de convicciones a punta de versículos, con una secuencia perfecta de textos bíblicos que no pueden dejar lugar a dudas de que la cosa es así… Y lo mismo aplica para los que piensan todo lo contrario. Y ahí es donde aparece lo de: “No lo digo yo, lo dice Dios”. Pero pues parece que Dios así como dice una cosa, dice otra, porque hay cosas que ni qué.

Esa falta de consenso puede ser precisamente porque hemos heredado nuestras convicciones de parte de figuras de autoridad, y hemos tenido experiencias que nos llevan a confirmar eso que creemos. Pues esa es una simplificación, claro, pero ese factor subjetivo es clave, incluso es una de las razones por las cuales hemos podido desarrollarnos como especie. Ese conocimiento incuestionable que se pasa de generación en generación es sobre lo que construimos lo que sigue, es un factor evolutivo de protección. Pues, imagínense que estuviéramos todo el tiempo replanteando la manera en la que cocinamos, el lenguaje, la manera en la que nos relacionamos, etc. Pues si me dijeron que son dos de agua por una de arroz, pues listo, así debe ser. Y, sin embargo, cada cierto tiempo, vamos descubriendo y aprendiendo cosas que extienden, complementan o reemplazan incluso ese conocimiento que heredamos. Así funciona la humanidad, cambiamos solamente un poquito cada tanto y eso está muy bien.

Ahora bien, a la vez cambiamos todo el tiempo en otros frentes. Cambiamos tanto que ni siquiera somos los mismos en términos estrictamente materiales. Piensen en las células que componen nuestro cuerpo, millones de millones, tanto así que tenemos más células en nuestro cuerpo que las estrellas que hay en nuestra galaxia, y todas esas células están constantemente muriendo y renovándose. De 1 a 3 millones por segundo, para ser más exactos. Y bueno, miren esto tan curioso, si uno saca células de su cuerpo puede conservarlas en un ambiente apropiado para que sigan viviendo por algún tiempo independientemente de uno. Esto lo mencionamos en el episodio de las vacunas. O sea que, hasta cierto punto, mis células pueden vivir sin mí, pero yo no puedo vivir sin ellas. Ya nos pusimos poéticos jejeje. 

Pero eso plantea también una discusión filosófica. ¿Qué me hace ser yo? Ahí si quieren profundizar, les recomiendo buscar la paradoja del barco de Teseo, muy interesante, por cierto. Porque yo no soy simplemente el conjunto de mis células, claro. Yo puedo pasarle un montón de células de mi cuerpo a otra persona, en un transplante de riñón, por ejemplo, y eso no significa que una parte de mí va a vivir en ese otro… ¿o sí? O que en el rapto ese riñón se vaya conmigo, no me lo van a creer, pero ese tipo de cosas me tocó discutirlas con gente que necesitaba salir de esa duda.

Vamos cambiando todo el tiempo, físicamente. Cada 7 años los componentes de todas las células de mi cuerpo han sido reemplazadas, o sea que yo tengo casi 38 años, eso significa que ya ha habido como 5 Abners que se han transformado y renovado. Pero no como las águilas, porque cada vez me voy poniendo más viejo y me quejo más para amarrarme los zapatos jejeje… Ese cambio también sucede en lo que nos hace ser nosotros y que no es estrictamente material, en nuestros pensamientos, nuestra identidad, nuestra manera de ver el mundo. Experiencias traumáticas nos hacen cambiar de parecer con respecto a lo que vemos y percibimos. También eso pasa en el gran organismo social que se conforma cuando nos juntamos con otras personas, entonces hablamos del origen de la cultura, de las cosas que se van volviendo imaginarios colectivos, cosas que todos aceptamos y alrededor de esos consensos podemos convivir y crear comunidades.

Pero todo sigue teniendo ese factor subjetivo, así estemos hablando de una célula, de una persona, de una comunidad, de nuestra especie. Nuestros sistemas de referencia, de medidas, de tiempo, de espacio, los nombres que le damos a los planetas, las constelaciones que dibujamos con las estrellas… todo eso es subjetivo. Si existiera otra civilización parecida a la nuestra en otro lugar de la galaxia o del universo, pues no va a medir las cosas en metros, ni va a contar el tiempo en segundos. Eso nos lo inventamos nosotros aquí en la tierra. Aunque bueno, aquí pensándolo bien, en Apocalipsis dice que la medida del codo de hombre es la misma que el codo de ángel. Ahí tenemos un problema interesante de magnitudes. Pero en fin, la subjetividad.

La realidad, por ejemplo, lo que nos rodea y lo que podemos percibir con los sentidos, tiene esa connotación que le da el cerebro que lo interpreta. Por ejemplo, la visión. Para nosotros, con los ojos y los nervios ópticos que tenemos y la manera en la que ese sistema está cableado con el cerebro, existe un rango de colores que va del rojo al violeta, dependiendo de las longitudes de onda de la luz que recibimos. La luz se refleja en los objetos y dependiendo de un montón de factores, se descompone en diferentes ondas que forman colores, como en la portada del disco de Pink Floyd. Entonces el rojo es la manera en la que el cerebro humano decodifica las ondas de 380 nm de longitud y el violeta es la manera en la que el cerebro humano decodifica las ondas de 780 nm de longitud. Eso de nanómetros, por cierto, significa que hay que poner en fila 1 millón de punticos para formar un milímetro, esa rayita más delgada que hay en las reglas que usamos para dibujar.

Entonces esos 400 nanómetros, entre los 380 y los 780, son el espectro visible para los humanos. Todo lo que vemos está dentro de esa región tan pequeñita de luz. Por eso hablamos de infrarrojo y de ultravioleta, son rayos de luz con longitudes de onda por fuera de ese espectro visible. Pero entonces hace poco nos dimos cuenta de que hay otros animales que han desarrollado ojos con la capacidad de ver longitudes de onda por debajo del rojo o por encima del violeta. Entonces por ejemplo las abejas ven colores que nosotros no podemos ni siquiera imaginar, porque tienen un campo visual por encima del violeta. Pero también su campo visual no alcanza a ver colores que nosotros sí vemos, como por ejemplo el rojo.

Estamos hablando de algo tan sencillo como los colores. Y eso que ni siquiera hemos entrado a hablar de que los humanos percibimos de manera distinta los colores, entre nosotros mismos pues, en función de la iluminación, la perspectiva o la anatomía, como por ejemplo las personas daltónicas, que tienen una codificación muy diferente para ver ciertos colores. Entonces imaginémonos tener una conversación sobre el color rojo donde el argumento central sea: “No lo digo yo, lo dicen mis ojos”. Y tuvimos un ejemplo que se volvió viral hace unos años, con una foto de un vestido en redes sociales, que unos veían de color dorado y otros veían de color azul. 

“Bueno, Abner, pero es que ese es el problema del relativismo, que ustedes todo lo quieren volver relativo”. Dirá alguno. “Es que la Biblia es la Palabra de Dios y no tiene ideas humanas sino que viene del Espíritu Santo”. Ese tema pues ya lo hemos abordado aquí de muchas maneras, y creo que esa forma en la que entendemos el origen y el propósito de la Biblia es clave para salir de ese embrollo.

Pero entonces antes de pasar a eso, otras par de notas sueltas ñoñas. Eso de lo relativo se usa mucho también para justificar barrabasadas de todo tipo. Que la percepción de la realidad dependa en gran parte del observador, no significa que todo sea relativo. O sea, una cosa es cómo yo vea el rojo, pero la onda que yo estoy viendo no deja de tener 380 nm de longitud. Que el cerebro de un daltónico codifique esa señal de una manera diferente a la mía no cambia ese hecho particular. El asunto entonces no es quedarnos peleando por si uno lo ve rojo y el otro lo ve verde, digamos, sino que ahí habría que irnos a buscar una manera de encontrar cuánto mide esa onda de luz que estoy recibiendo. Y para eso pues necesitamos marcos de referencia, instrumentos de medición y, sobre todo, confianza en los métodos que hemos construido para determinar esa verdad. Si yo veo un espectrofotómetro como un instrumento que se inventaron para engañarme, pues de nada me sirve que me muestren ahí que la longitud de onda es de 380 nm.

Ahí también entra en juego el asunto de la pluralidad. Específicamente en este caso, hablando de la ciencia, porque para descubrir por ejemplo quién escribió un libro de la Biblia, o qué significan ciertas palabras en su contexto original, nos apoyamos en herramientas científicas. Entonces la ciencia no funciona como una imposición, funciona a partir de marcos de referencia y de modelos validados por una comunidad científica. Hay gente que habla de tener fe en la ciencia: “es que tú tienes más fe en la ciencia que en Dios”. Pues justamente la ciencia no necesita fe, porque lo que no se puede medir, lo que no se puede demostrar, no cabe dentro de la ciencia. No se trata de confianza, sino de validación, de reconocer que los resultados de cierto postulado científico cumplen con unos parámetros que lo hacen viable. Y de todas maneras, si aparece un postulado que explica mejor el mismo fenómeno o el mismo objeto de estudio, pues se reconoce y se cambia el anterior. Aunque bueno, alguno podría decir que esa objetividad científica no es más que la suma de muchas subjetividades que se parecen. Pero, en fin.

Por eso no podemos remitirnos a la ciencia para resolver asuntos como la inspiración divina, porque no hay un inspirómetro para medir qué tanto habló Dios en el libro de Josué. Pero, por ejemplo, la inerrancia, el reclamo de que la Biblia no se equivoca en su contenido, eso sí. Porque si en la Biblia dice que Jericó se cayó porque los israelitas le dieron 7 vueltas, pero luego viene la arqueología con sus métodos y marcos de referencia y dice que en la fecha en la que el libro de Josué ubica el paso de los israelitas por ahí, ya Jericó llevaba un par de siglos destruida, hay una discusión muy distinta.

La pluralidad, la perspectiva de unos enriquecen la visión de otros. No necesariamente entran en conflicto, sino que pueden complementarse. Les voy a poner este último ejemplo desde lo científico, una ilustración que se utiliza mucho en física cuántica para abrir conversaciones sobre el modelo relativista. Supongamos que estamos en la orilla de la playa y vemos pasar un barco de manera horizontal. Allá va el barco sobre las olas y desde acá, desde la playa, se alcanza a ver la figura del barco. Allá arriba en el carajo del mástil principal, el carajo, sí… que, por cierto, era como una canastica donde se metía el vigía, la persona que vigilaba el horizonte. De ahí dicen que viene la expresión: “vete al carajo”. Y también lo de “vete a la verga” tiene que ver con eso, porque la verga era el palo principal de los barcos, en ese tiempo que los barcos tenían palos y mástiles y velas. Entonces cuando castigaban a un marinero le decían: “¡a la verga!”. Y allá se iba el pobre marinerito, a subirse a la verga para meterse en el carajo. Esto ya es todo un ejercicio hermenéutico marinero jejeje.

Entonces va un personaje allá en lo alto del palo principal y se tira desde allá. Se tira de cabeza a la cubierta, no sé, le dio el arrebato. Bueno, para nosotros, que estamos mirando desde la playa, vamos a ver que el personaje que se tira se mueve de manera parabólica, imagínenselo, se tira desde lo alto hacia la cubierta, describiendo una curva. Eso se llama parábola… Hay un chiste muy ñoño sobre parábolas, aquí hablando de todo, es que se me vienen ñoñadas a la cabeza, no puedo evitarlo. Pero no creo que tenga mucha gracia. Se lo cuento a los Patreons jajaja. Si los dejo con la intriga, me escriben y se los cuento, para que la vergüenza no sea pública.

Entonces, nosotros vemos caer al marinero que se tira así con un movimiento curvo, pero ojo. Si alguien está parado en la cubierta del barco, justo al lado del mástil, mirando hacia arriba en ese preciso momento, él no va a ver un movimiento curvo. Lo que va a ver es un movimiento recto. Alguien que se tiró y le va a caer encima. Eso se explica porque el observador que está parado en la cubierta del barco va moviéndose a la velocidad del barco, mientras que nosotros estamos quietos en la orilla. Entonces tenemos sistemas de referencia completamente distintos y percibimos, en ese ejemplo, el movimiento en relación al sistema de referencia dentro del que estamos. De ahí viene ese término “relativo”, a la relación que tiene un observador con lo que se está observando.

Y bueno, si quieren ahondar en la ñoñez, ese ejemplo es parte del principio de relatividad de Galileo. Sí, señor, ¡Galileo! 1602, ni siquiera estamos hablando de Einstein, que se la fumó más verde todavía. Bueno, yo creo que con todo este contexto queda bien demostrado que lo que vemos y entendemos responde en una medida muy grande a nuestra propia percepción, a nuestras impresiones de la realidad. Pero creemos, eso sí, que eso que vemos es la realidad indiscutible. Ahí es donde está el problema. Aquí cabe una frase que me envió mi esposa en estos días, de un libro que está leyendo. Dice José Saramago: “El mundo se está convirtiendo en una caverna igual a la de Platón: todos mirando imágenes y creyendo que son la realidad”.

Entonces para cerrar esta primera parte, cuando salgo con esa frase de: “No lo digo yo, lo dice Dios”, lo más posible es que sí lo diga yo.

[SUENA INTERMEDIO]

Entonces, qué pasa cuando abro la Biblia y empiezo a ver esa realidad desde mi mirada subjetiva. Pues pasan varias cosas, una de ellas es que traslado mucho de lo que yo soy al texto bíblico, a la manera en la que lo entiendo. Por ejemplo, yo hubo una época en la que fui muy regañón. Entonces yo enseñaba y predicaba y me gustaba ese tono como regañadito, como medio enojado, porque las cosas de Dios son muy serias y tajantes y la Biblia es muy clara. Entonces cuando me venían a preguntar por algún tema, no sé, un yugo desigual, mi respuesta era fuertecita, era como: “Bueno, usted sabe lo que tiene que hacer, porque 2 Corintios 6 dice esto, y pues si sigue por ese camino Dios no lo va a bendecir, porque las cosas de Dios son muy serias y Dios no puede ser burlado”. Así, como fuerte. Eso era parte de mi estilo pastoral, jejeje…

Entonces yo leía la historia de Jesús, las enseñanzas de Jesús, y me encantaban esos pedazos en los que Jesús decía cosas fuertes. Y entonces le ponía ese tono mío regañado: “Entonces Jesús le dijo a los doce: ‘¿Queréis iros también vosotros? ¿Se van a ir o qué? ¡Pues váyanse, cuál es el problema hermano, ábranse pues a ver, los vi!’”. Jejeje, me gustaba ese Jesús todo aletoso, porque claro, yo me veía ahí, yo le ponía esa agresividad a las palabras de Jesús, pero quién sabe si Jesús hablaría así alguna vez, es decir, con ese tono, con esa actitud.

Entonces vean que todo eso está ahí. Posiblemente a ustedes también les ha pasado, eso de ponerle su toque personal a la lectura bíblica. Entonces por eso es que hay unas cosas de la Biblia con las que me identifico fácilmente y otras que me cuestan más, y hay unas frases y unas promesas que me conmueven más que otras, ¿cierto? Y por eso empiezo a sentir como que Dios me está hablando, y el Señor me mostró esto hoy leyendo este salmo, todo eso empieza a tomar sentido cuando lo veo desde esa perspectiva de la experiencia personal. ¡Y eso está bien! Es que para eso es la Biblia, para experimentar a Dios desde la experiencia que otras personas tuvieron y que puedo encontrar ahí en el texto.

¿Qué es lo que ya no está tan bien? Pues que yo quiera imponerle esa visión mía personal a los demás. O que quiera generalizar esa experiencia, y decir: “es que si vos no ves eso que yo veo ahí en este pedazo de la Biblia, o si no armas este conjunto con esta selección de versículos para llegar a esta conclusión, entonces no estás entendiendo la Biblia”. La cosa no creo que vaya por ahí.

Yo puedo leer la historia de Josué capítulo 6, la caída de Jericó. Y puedo hacer énfasis en cosas de esa historia, en la confianza de un pueblo en las instrucciones de Dios, la caída de unos muros simplemente con un acto de fe, la salvación de Rahab por haber cuidado a los espías… y puedo verme ahí, ver mis problemas, ver cómo la fe en Dios me ha hecho vencer en momentos difíciles, y eso me llena de confianza para el futuro. Eso es maravilloso, eso es Dios obrando en mi vida por medio de la palabra.

Pero lo que yo no puedo hacer es exigirle a un arqueólogo que se retracte de lo que han demostrado sus análisis del terreno y de los estratos geológicos y de todas las consideraciones que realizó para determinar que muy probablemente Jericó no se cayó en los tiempos del relato de Josué. La Biblia no pa eso. Y por mucho que yo le diga: “Es que no lo digo yo, lo dice Dios”, pues eso no nos sirve de mucho en una conversación en materia arqueológica.

Entonces ahí volvemos a eso que mencionamos hace un rato, la intención de los textos. Entonces esos textos de la salida de Israel de Egipto, y el peregrinaje por el desierto, y la conquista de Canaán, esos fueron textos producidos por y para una generación que necesitaba afianzar su identidad como nación, después de pasar décadas, casi un siglo, en un cautiverio en una tierra extraña. Ellos también están volviendo a su tierra prometida, están volviendo a salir de la esclavitud, y necesitan esas historias. 

Y pues lo importante no es la veracidad en términos estrictamente históricos de esos relatos, porque esa no es la intención con la que se escribieron. No son crónicas periodísticas, son epopeyas de origen de una nación, es la manera en la que en esa época se escribían esos asuntos, unos géneros literarios que debemos reconocer y aprender a entender en su contexto y en su intención. Esa idea de leer la Biblia como si fuera un periódico, eso es muy occidental y es muy de la era moderna. “Ah, ¿pero entonces estás diciendo que eso no fue verdad?”. Pues claro que fue verdad, pero no una verdad histórica o una verdad científica. Es que esas categorías epistemológicas de “verdadero” o “falso” no pueden ser tan rígidas como las hacemos ver.

Piensen en esto. Si yo le escribo a mi esposa un poema, a mí me gusta mantenerla enamorada, entonces le voy a escribir unos versos. Y le escribo: “Cuando miro el reflejo de un atardecer en lo profundo de tus ojos, puedo ver directamente en tu corazón”. Una belleza, ¿no? Pero entonces va a venir alguien a decirme: “Vení, pero cómo así, eso no es verdad porque el corazón no se ve por ahí”. Jajaja… pues claro, ojalá el corazón se viera por los ojos, no necesitaríamos tomografías o electrocardiogramas. Pero es que eso no es lo que yo estoy, no es ese corazón del que yo estoy hablando, ni cuando estoy diciendo “ver”, me estoy refiriendo a “ver”, sino a otra cosa, precisamente a algo que no se puede ver. 

Y vean, esto pues no es tan complicado. Esa no es una conversación que uno tendría en la vida real. Uno lee una cosa de esas y sabe que es un poema, que tiene unas connotaciones diferentes, más allá de términos como “verdadero” o “falso”. No estoy expresando verdades científicas, hechos históricos irrefutables. Estoy siendo tierno con mi esposa. Y la gente no tiene problema con eso, ni se pone a analizar lo que dije a ver si es demostrable y si es histórico y si es literal o simbólico. Y sin embargo, ¡sí tenemos esas conversaciones acerca de la Biblia! Es muy curioso eso, muy curioso. 

Y una última pregunta… ¿de dónde salen entonces nuestras interpretaciones de la Biblia? O mejor, ¿hay alguna manera de que interpretemos la Biblia sin estar viciados por nuestros propios puntos de vista? Ahí tenemos la gente que estudia los idiomas originales y que profundiza pues en todos esos contextos culturales, estilísticos, lingüísticos, lo que ya hemos venido hablando. Pero, pues le queda a uno como esa duda… ¿no será que mucho de eso también viene sesgado por una visión particular? Claro, son disciplinas que se apoyan en métodos científicos, y son confiables, pero al menos para mí, la duda está ahí.

Ahora bien, sí es cierto que dentro de la ortodoxia cristiana, el conjunto de doctrinas, o más bien, el punto de partida para gran parte del desarrollo doctrinal que conocemos en occidente, proviene de unos paradigmas establecidos, casi que incuestionables, pero que si uno se pone a pensarlo, no son más que percepciones de lo que está escrito en los textos. A ver, un ejemplo para que no quede esto muy enredado. A mí me enseñaron que en el Antiguo Testamento todo era una figura de Cristo. Claro, Jesús dijo en varias ocasiones que Moisés y los profetas y los salmos hablaban de él. Y pues bueno, hay como figuras directamente utilizadas en el Nuevo Testamento para reforzar cosas sobre Jesús basándose en historias que la gente conocía. Por ejemplo, la serpiente de bronce en el desierto, ¿no? Que aparece en el discurso de Juan 3, “así como Moisés levantó la serpiente en el desierto”… O también en el mismo Juan, en el capítulo 6, aparece un discurso de Jesús diciendo que él es el pan del cielo y lo compara con el maná. Y así, algunas referencias a objetos o historias de la Biblia Hebrea se van colando por ahí en el discurso de los evangelios y de los apóstoles.

Bueno, y ni hablar de las profecías que directamente se reclama que fueron cumplidas por Jesús. Sobre todo pasa mucho en Mateo, pero pues también en otras partes, que aparecen esas referencias. “Esto sucedió para que se cumpliera lo que dijo el profeta tal”. Entonces a partir de ese hecho literario, que es obvio cuando uno lee esos textos, algunos maestros destacados y, digamos, fundadores del movimiento de los Hermanos, como Darby, Scofield, Mackintosh, y otros nombres muy importantes de mi niñez, jejeje, se sentaron a leer el Antiguo Testamento pensando que ahí iba a estar Jesús por todos lados. 

Entonces uno escuchaba esas enseñanzas basadas en los escritos de esa gente y todo lo que pudiera convertirse en un símbolo o en un tipo de Cristo, iba a la fija. Por ejemplo, no sé, los elementos del tabernáculo, las vestiduras de los sacerdotes, las ofrendas levíticas. Pero no pues como en términos generales, sino hasta el más mínimo detalle. Que a la víctima se le sacaban los riñones… figura de Cristo. Que el vestido del sacerdote tenía campanitas en las faldas… figura de Cristo. Que el novio de Cantares se le encaramaba a la muchacha y le acariciaba los racimos de las palmeras… figura de Cristo. Y así, todo el Antiguo Testamento se leía en clave de: “¿esto qué pedazo de la vida de Jesucristo habrá querido ilustrar?”.

Y pues me parece algo muy noble y muy bello, uno querer encontrarse con la Biblia de esa manera, pero pues a veces eso queda muy de pa arriba, muy complicado meter esas ideas donde evidentemente no están. En la mente de los autores por ningún lado creo que estuviera la intención de decir que el cordón de grana que puso Rahab en la ventana en el muro de Jericó representara la sangre que nos iba a redimir. Para volver a Josué 6, que tanto hemos hablado de ese pasaje hoy.

Y ya la cosa se iba al extremo, no solamente buscando a Cristo, sino también buscando aplicaciones para uno. Entonces, por ejemplo, se nos enseñaba sobre la adoración basándose en las cinco ofrendas de Levítico, los primeros 6 o 7 capítulos que contienen esas instrucciones sobre los sacrificios y las ofrendas. Entonces, no sé, por mencionar algo, Levítico 2, la ofrenda de flor de harina, la única ofrenda sin sangre, era una ofrenda vegetal que se ofrecía en oblación y Dios la aceptaba en olor fragante. Entonces esa representaba no la muerte de Cristo, sino su vida, ¿cierto? Su vida perfecta, sin pecado, porque no tenía levadura. Y ojo, ahí venía un detalle que era el de la miel, esa ofrenda no podía llevar miel. Y eso significaba entonces que los sentimientos humanos… ojo, ojo que esto está potente… jejeje… cuando yo iba a adorar, no debía involucrar sentimientos humanos, sino adoración en el espíritu. Porque la ofrenda no puede llevar miel, como esa dulzura, ese empalago de nuestros sentimientos. No, la adoración es en espíritu y en verdad, no con emociones, ni nada de eso. Sin nada de miel.

Una nota, ¿no? Exégesis de los Hermanos de Plymouth nivel Dios. Entonces vean, es posible que a alguno de ustedes no se les hubiera ocurrido nunca, y entonces uno escucha eso y dice: wow, qué revelación, qué cosa tan profunda. Pero después se pone a pensarlo y de profundo no tiene nada, es una pendejada. El texto no dice eso. Pero vaya pues convenza a un Abnercito de 15 o 20 años, que lleva toda su vida leyendo a Darby y leyendo los comentarios autorizados por la denominación, haciendo los estudios bíblicos por correspondencia y dígale que Levítico 2 no tiene nada que ver con los himnos que se cantan en la santa cena los domingos. Porque eso está ahí, ese rayón en el disco duro. Es una cosa tenaz.

Y uno pues claro, si uno quiere saber de la Biblia, así como era yo, pues uno se va a comer todos esos libros y esos comentarios y esas predicaciones de maestros autorizados, y eso parece uno como descargando programas de la Matrix, ¿no? “Neo, cómo vas”. “Bien, ya sé explicar Efesios, Morfeo”. “Muéstrame”. “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso”.

Y lo mismo pasa con un montón de cosas que se enseñan y se dan por sentadas y se toma como punto de partida incuestionable una visión particular de un intérprete o de una escuela de interpretación, y esas ideas se instalaron en el cristianismo y pues nadie se pregunta: oíste, ¿eso sí será así? Otro ejemplo que se me ocurre aquí, que justo se me ocurre porque conversé con mi querido amigo Esteban, de Reflexiones Marginales, sobre este tema. Una vaca sagrada de la doctrina cristiana: la sustitución penal. 

Esa idea acerca del pecado y el plan de salvación, donde se ve a Dios como un juez, el pecado es un delito que merece el castigo más severo, y nosotros somos culpables y merecedores de ese castigo. Entonces aparece Jesús, una víctima inocente, que va a pagar el castigo que nosotros merecíamos y va a la cruz y recibe toda la ira de Dios que merecían nuestros pecados y así paga nuestra salvación. Entonces ahora cuando yo recibo a Cristo (no me pregunten eso qué es, la verdad es que nadie sabe) yo recibo a Cristo y ese sacrificio se apunta en mi cuenta y ya yo no debo nada y soy salvo. Eso sí, Dios sigue creyendo que yo merezco el infierno, pero pues menos mal que la sangre de Cristo me cubre, porque entonces Dios no me ve a mí sino a su Hijo.

Y pues eso suena súper bíblico y todos seguramente diríamos amén, porque así es que se enseña el asunto de la salvación, con algunas variantes pues, más o menos mecanismos que pueden cambiar, si el bautismo, si la fe, si las obras, etc. Pero ese es más o menos como el común denominador cuando pensamos en eso. Y no se discute, ni se cuestiona, eso ya lo tenemos resuelto. Pero luego uno se pone a rastrear el origen de esas ideas y encuentra que la primera mención a eso es en el siglo XI, o sea más de 1000 años después de Cristo, y que todo eso es producto de la reflexión de un señor que se llamaba Anselmo de Canterbury. Entonces este man se pone a pensar en el asunto del pecado y la salvación y lógicamente llega a conclusiones desde una perspectiva judicial que refleja el pensamiento y la cosmovisión de la edad media. Jueces, señores feudales, miserables culpables que no eran capaces de pagar sus deudas… bueno, pues suena también como a Colombia en el siglo XXI, pero en fin… con todo ese marco de referencia en su cabeza, esa percepción desde su momento histórico, lo que hemos venido hablando, Anselmo asimila y explica esos conceptos: pecado, justicia, castigo, ira de Dios, redención, expiación, santidad… etc. Y luego en la Reforma agarran eso Lutero y Calvino y hacen un remix a partir de esa idea y toda esa estructura de pensamiento es la que nos llegó a nosotros hoy.

Bueno, estaba pensando que también podríamos hablar sobre otra enseñanza, de esas así incuestionables, que es el Rapto. Pero pues el profe Sebastián Hernández, gran amigo de la casa, tiene una serie de artículos sobre el tema que está brutal. Ahí les dejo el link. Me están dando ganas de invitarlo pa que hablemos de eso. Sebas, si escuchas esto, escríbeme con el santo y seña: “operación rapto”, repito, “operación rapto”. Cambio y fuera.

¿A dónde nos lleva todo esto entonces? Primero, a pensar que nada en en el mundo tiene sentido. Pero después de que uno se repone de esa sensación, creo que queda algo bonito. Creo que se acerca uno a la Biblia con otra mirada, con humildad, con honestidad. Al menos a mí me pasa. Yo antes abría la Biblia y creía que ya me la sabía. Y bueno, pues sí me la sabía, pero la explicaba así con esas ideas todas locas de Darby que ya les conté. Pero se acerca uno a ver ese libro, donde Dios se revela, no a partir de la inerrancia, de la perfección, ¿cierto? Como le hacen creer a uno. No, se revela precisamente en la imperfección, en ese libro al que se le empiezan a ver las costuras y las cosas que no cuadran, ahí se revela Dios. Eso me da esperanza, porque no tengo necesidad de entenderlo todo, ni de ser capaz de definir a Dios, ni de trazar sus planes para la humanidad a través de las dispensaciones y ubicar qué es lo que sigue en una línea de tiempo profética… porque eso se lo inventaron y eso no existe. Porque eso no es lo que Dios quiso decirnos.

¿Por qué será tan difícil deshacernos de esas ideas? Y es una cosa tenaz uno tener que vivir por una lado con esa incertidumbre que es la realidad que nos rodea, pero tener que creer que lo que dice ahí en la Biblia sí es sólido, inmutable, que no cambia y que no se discute porque no lo digo yo, sino que lo dice Dios. 

Hice un ejercicio, ya para terminar. Me fui a Google a buscar preguntas que la gente hace. Una de las cosas más bacanas que nos inventamos en los últimos 10 años es la inteligencia artificial, el machine learning y otras cosas raras de la ciencia informática que hace que cuando ustedes empiezan a escribir algo en Google, ya él sabe más o menos qué es lo que uno está escribiendo, y hasta le sugiere cosas para buscar, de acuerdo a la información que tiene guardada de las cosas que toda la otra gente está buscando. Eso es una berriondera.

Entonces empecé con unos términos de búsqueda, y los patreons me ayudaron ahí con algunas ideas, como para ver qué cosas busca la gente acerca de lo que dice la Biblia. Y vean, estos son algunos resultados. “Qué dice la biblia sobre”… entonces estas son las cosas que más buscan. Los tatuajes… qué sorpresa. La muerte, las mariposas negras. Ni idea qué dirá la Biblia sobre las mariposas negras, debería buscar de verdad a ver Google qué dice. Sobre el matrimonio, sobre el divorcio, vea pues, esos dos extremos ahí se juntan… sobre el ayuno, sobre el amor, sobre llorar a los muertos… bueno, si alguna vez se lo han preguntado, no creo que la Biblia diga que está mal llorar a los muertos. Aunque, me acuerdo que yo escuchaba esa prédica sobre el pasaje de Jesús diciéndole a alguien… ¿cómo es? “Deja que los muertos entierren a sus muertos”, como que era más importante seguir a Jesús que ir al entierro del papá. Bueno, eso me predicaron a mí, entonces tiene sentido buscar qué dice la Biblia sobre eso. Qué dice la biblia sobre prender velas a los muertos, sobre la familia. Claro, tiene sentido porque si vemos la Biblia como un manual, entonces estoy engañando a mi esposa, entonces necesito ir a ver qué dice la Biblia, como para ver cómo salgo de ese enredo. En vez, no sé, de cultivar una inteligencia emocional y afectiva sana… Bueno, en fin.

Ojo a estos, “La Biblia enseña que”. Entonces, estas son las más buscadas: que la virgen María es el arca de la nueva alianza. Ok… eh… no. Eso no. Que existe un solo Dios, que una persona divorciada puede servir como pastor… Miren esas preocupaciones, tatuajes, divorcio… eso pues no es un secreto, que son grandes temas de controversia en la iglesia cristiana. Muy interesante. Y estos están parecidos: “Según la Biblia”. Cómo es el nombre de Dios Padre. Pues no sé… Dios Padre, supongo, jejeje. Qué es la fe, quiénes eran los publicanos, qué es el amor, qué es el alma, qué es la oración, qué es el pecado… bueno estas están como más existenciales. Ojo a esta: Según la Biblia qué es la abominación desoladora. Ufff, esta la guardo para el profe Sebas. “Operación rapto”, repito, “operación rapto”.

Y miren este otro conjunto de preguntas: “Según la Biblia Jesús…” y entonces estas son las más buscadas: Jesús tuvo hermanos… eso preocupa mucho a los católicos, ¿no? Bueno, Jesús es Dios, Jesús tuvo hijos, Jesús fue al infierno. Eso de Jesús yendo al infierno está en el credo y todo. Deberíamos hablar de eso también en estos días. Bueno, aquí unas últimas sobre la Biblia, “por qué la Biblia es la palabra de Dios”. Qué buena pregunta, hombre. Vea que sí hacía falta hacer episodios sobre la Biblia jejeje. Por qué la Biblia es un libro sagrado, por qué la Biblia católica tiene más libros… buena pregunta, Biblia católica, quita esos libros deuterocanónicos de mi vista. Por qué la biblia no habla de los dinosaurios, pregunta para el Dinosaurio de Noé. Por qué la Biblia dice tu deseo será para tu marido. Uy, quieto. Esta está densa. Y obviamente no la voy a responder.

Y para terminar este experimento, se me ocurrió buscar también qué busca la gente sobre los cristianos, el pueblo de la Biblia. Entonces vean: por qué lo cristianos no se persignan, por qué los cristianos no creen en la virgen… preguntas de cristianos vs. católicos, ¿no? Por qué los cristianos no guardan el sábado, por qué los cristianos guardan el domingo. Buena pregunta, cristianos, qué pasó con el cuarto mandamiento. Por qué los cristianos no celebran Halloween. Pues porque eso es del diablo, por qué más será. Por qué los cristianos se alejan de Dios, pues por estar escuchando al Cancionero Cristiano. Por qué los cristianos no celebran la navidad. Bueno, muy ilustrativo. Esas son las cosas que más curiosidad le genera a la gente sobre la Biblia y sobre los cristianos según Google. Interesante, habrá que hacer el experimento sobre otros temas a ver qué se encuentra.

Pero entonces, cerremos este episodio que ya se me está extendiendo mucho. Conclusiones. Yo creo que podemos empezar a reflexionar en que la realidad no es ni objetiva totalmente ni subjetiva totalmente. Tenemos que aprender a convivir con el hecho de que lo que vemos, lo que entendemos, las conclusiones a las que podemos llegar individualmente y como colectivos, son una maraña de percepciones, de sesgos, de falsas interpretaciones, pero también de hechos demostrables y de cosas que simplemente son. Ahora bien, el truco está en reconocer cuál es cuál. Así es que podemos evitar andar por ahí diciendo que la Biblia dice cosas, o peor, que Dios dice cosas que realmente solo existen en mi cabeza, o en la cabeza de todos los de mi denominación o de mi corriente doctrinal.

Otra cosa, está muy bien tener posturas personales sobre la fe y sobre la Biblia. Eso es maravilloso, sobre todo si se vive de acuerdo a esas convicciones, porque de lo contrario es hipocresía. Pero está bien, si a mí me parece que tiene sentido lo que dijo Anselmo y lo que dijo Calvino, pues eso no es problema. Y si me parece que eso por ahí no es, pues bueno, vamos a explorar entonces otras opciones. No hay misterio en eso, no se trata de convertir a todo el mundo al progresismo y a cuestionar todo simplemente por cuestionarlo y ya. No, cada uno pues tendrá su proceso y construirá sus convicciones.

Pero entonces, aquí viene la advertencia, una cosa es que yo crea algo y otra cosa es que ese algo tenga que creerlo todo el mundo. Esa es la diferencia entre ser una persona que se interesa por su espiritualidad y un talibán, que quiere hacerse al poder para gobernar desde su visión de lo sagrado y de la revelación de Dios. Muy pertinente esa mención, entre otras cosas, por lo que está pasando por estos días en Afganistán. Terrible, es la manifestación más extrema del fundamentalismo. Porque claro, el islam no es eso, el Corán no dice lo que los talibanes dicen. Todo este episodio podría llamarse “No lo digo yo, lo dice Alá”, y básicamente es lo mismo. Son interpretaciones fundamentalistas que no admiten contradicción basadas en unos escritos sagrados, y usadas para dominar y para hacer daño y para obligar a los que creen diferente a someterse a lo que dijo Dios.

Entonces, esa conclusión es bien importante. Hay una diferencia clara entre ser religioso y ser fanático. Si tú dices: “mira, esto no lo puedo hacer porque mi religión no me lo permite”, ok, eres religioso, está bien. Pero si dices: “mira, esto tú no lo puedes porque mi religión no te lo permite”… ahí tenemos un problema, y ese problema se llama fanatismo. Entonces la intención de la Biblia no es esa, regir la vida de todo el mundo, crean o no crean. No, por ahí no va la cosa.

Y por último, esta es una cosa que yo todavía sigo explorando. Y es una pregunta honesta que tengo. ¿Cómo puedo usar la Biblia como herramienta devocional? Claro, sin ponerle todo ese peso académico y de qué dice el griego y el hebreo y cuál es la historia de este término, etc. Pero obviamente sin ignorar esos contextos y esa riqueza literaria que me va a hacer aprovechar mejor el mensaje que la Biblia tiene para nosotros y para nosotras hoy en día. Ese balance tiene que existir, y yo quiero encontrarlo. Por ahora, a mí me da mucha esperanza ver a Dios manifestado en la imperfección humana, incluso ver a Dios reflejado en esos sentimientos y emociones que los autores humanos le adjudican, pero en últimas ahí detrás está el Espíritu Divino interviniendo en nuestras realidades, moviéndose sobre las aguas, ¿cierto? Y claro, la revelación máxima de Dios, la persona de Jesús, el Dios encarnado que caminó entre nosotros, que planteó una mirada distinta a todas las representaciones que se tenían de Dios y de la religión en el judaísmo de su época. Pues por algo lo escuchamos en el evangelio proponiendo esta frase: Ustedes oyeron que fue dicho esto, pero yo les digo esto otro. Y cualquiera pudo haber venido a decirle: “Qué pena, Jesús. Un momentico. Es que no lo decimos nosotros, lo dice Yavé”. Jejeje… Pero de eso se trata, de acercarnos a Dios desde lo que somos, desde lo que vivimos, y encontrarnos con él y en ese encuentro pues dejarnos transformar, lo que pensamos, lo que percibimos, cómo vivimos con la demás gente. Eso es.

No andar para arriba y para abajo venerando solamente lo que dice un libro, sino entender que esa revelación es un punto de partida, no un punto de llegada. Es una invitación a seguir trayendo el reino de Dios a nuestras realidades. Y dejar, claro, que Dios me diga lo que él quiera decirme, lo que él quiera que yo haga. Pero no para imponérselo a otros, sino como parte de esa relación viva y real mía con Dios.

Por ahí creo que iría la reflexión de hoy.