¡Se acabó el 2020! Seguramente nadie se esperaba todo lo que nos pasó este año, mucha incertidumbre y sufrimiento, lo que hace que muchos lo cataloguen como un año para olvidar, pero… ¿será eso lo mejor? En este episodio les propongo una reflexión sobre la memoria de lo sufrido como parte de nuestro conocimiento de Dios. ¡Feliz año nuevo!

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Transcripción

¡Feliz año nuevo! Y bienvenidos al primer episodio de este año 2021.

Hombre, y se nos fue el 2020. ¡Qué año tan duro! Cómo será que hasta lo nombraron el peor año de la historia, aunque bueno, habría que ver qué tendrían para decir los que vivieron el 1939 cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, o en 1914 cuando empezó la Primera… o 1347, cuando la Peste Negra alcanzó su punto más alto en Europa… y así sucesivamente. 

Pero eso es muy nuestro, centrar la Historia en nuestro propio punto de vista, ¿no? Decir que el presidente que tenemos es el peor de todos los tiempos, o que el futbolista que nos gusta es el mejor del siglo (aunque falten 80 años para que se acabe el siglo). Y bueno, quién puede culparnos, venimos con esa manía de ver todo como nos conviene.

Pero nadie puede negar que el 2020 sí fue un año con muchas cosas inesperadas, sobre todo la pandemia causada por el coronavirus. A la fecha de hoy van más de 43 mil muertes en Colombia por causa de este virus que nos cambió la realidad desde comienzos del año pasado. Y, aunque algunos no tenemos pérdidas para contar que sean comparables con perder la vida, pues sí fue disruptivo tener que encerrarnos en casa por varios meses, angustiarnos con las noticias de cómo se iba esparciendo este virus por todas partes, acostumbrarnos a nuevas rutinas para salir de casa, para hacer mercado, para trabajar remotamente, para todo, prácticamente.

Muchos perdieron su trabajo, muchos tuvieron que cerrar sus negocios, muchos alrededor del mundo necesitarán mucho tiempo para reponerse económica o emocionalmente del año que acabamos de despedir. Claro, las crisis no operan con la lógica de nuestros calendarios, pues la tierra va girando alrededor del sol y no le importan los puntos arbitrarios que diferentes culturas escogieron para empezar un año nuevo. 

Pero nos gusta diseñar ciclos y nos gusta sentir que tenemos la capacidad de poner un “hasta aquí”, que tenemos control sobre los más pequeños aspectos de nuestra vida. Tal vez por eso anoche en las redes sociales tantos estaban brindando y celebrando que por fin se acababa este año terrible, un año para olvidar. 

Pero, ¿será que lo olvidamos? Esta mañana me desperté pensando en las cosas que quiero hacer este 2021, seguramente muchos de ustedes andan en las mismas. Y bueno, básicamente mis propósitos de año nuevo fueron los mismos de hace un año, porque la mayoría de mis planes tuve que ponerlos en pausa. Eso fue como cambiarle nombre a la carpeta: “propósitos 2020”, clic derecho, guardar como “propósitos 2021”.

Y estaba organizando mi agenda para este año, por cierto para eso uso un método llamado Bullet Journal, se los recomiendo, es genial para organizar las ideas, los pendientes, las cosas del día a día, sobre todo para procrastinadores de oficio, como lo soy yo. Les dejo por ahí unos links para que exploren cómo funciona, y si les interesa se arriman y me preguntan para contarles más.

Entonces estaba pensando esta mañana en el 2021 y me acordé de un pasaje en Deuteronomio, sobre eso les quiero compartir algo cortico para dejarlos que sigan celebrando el año nuevo. Deuteronomio 8:1-10, si lo quieren leer, es un pasaje muy bonito. Según la tradición, el libro de Deuteronomio se trata de Moisés repitiéndole la ley a una generación de israelitas que había nacido y crecido durante la travesía en el desierto. Y en ese punto les llama la atención hacia lo que han vivido durante todo ese recorrido. 

Es un discurso impresionante, Dios le recuerda a Israel que pasaron por un desierto durante 40 años (otro ciclo de esos redonditos que a nosotros nos gustan tanto), que no les faltó el pan, ni el agua, ni la ropa. Dios les dice: yo les dije que los iba a traer a una tierra fructífera y aquí estamos, les cumplí, ahora ustedes me deben cumplir a mí. Y bueno, también Dios les dice: no se olviden de sus aflicciones, no se olviden de las pruebas que tuvieron, de los momentos duros, porque eso también era parte de mi plan con ustedes.

Bueno, y no quiero entrar al debate sin solución del tema del sufrimiento en el mundo, y por qué Dios permite que la gente sufra, y la paradoja de Epicuro… Esas preguntas creo que siempre nos van a acompañar, ¿Dios causa el sufrimiento para nuestro bien? ¿Las pruebas son diseñadas por Dios para que crezcamos en la fe? ¿O simplemente Dios permite que pasen cosas malas, pero su propósito es que seamos felices? En otras palabras, ¿Dios nos envió el coronavirus? ¿El 2020 fue idea de Dios?

Eso se los dejo para que lo resuelvan ustedes, jejeje… El caso es que este texto me pone a pensar en cómo la memoria es importante para nuestra madurez. No olvidar. Y esa fue la razón por la que el autor de Deuteronomio pensó que era buena idea recordarle al pueblo israelita ese recorrido hasta la tierra prometida. El precio que pagaron fue alto, fue una travesía dolorosa, hubo momentos de incertidumbre, de muerte incluso… pero Dios no se rindió en su propósito de llevarlos hacia adelante. Claro, ahí estuvo el maná, ahí estuvo el agua de la roca, pero el recuerdo de su dolor y de su aflicción les daba un propósito también hacia adelante, hacia los retos que tenían en el futuro, hacia lo que les esperaba en Canaán.

Creo que ese es el mensaje que les quiero dejar de año nuevo, no olvidar. Recordemos el 2020, no enterremos ese año por allá en el olvido con esa chapa de “el peor año de la historia”, al contrario, que el dolor que hayamos vivido nos recuerde que la misericordia de Dios no se cancela, que aún en esas cosas oscuras que quisiéramos enterrar, ahí está el Dios fiel que nos prometió estar siempre cerca, hasta el fin del mundo.

Y bueno, dejemos aquí para que esto ya no se vuelva un podcast de coaching… podcast de autoayuda… que, entre otras cosas, siempre me he preguntado por qué llaman a esas vainas dizque “autoayuda”, autoayuda sería si uno no necesitara precisamente que le digan qué hacer. En fin, ahí está el episodio de año nuevo, es con mucho cariño. Que no sea el 2020 un año para olvidar, sino para guardar en la carpeta de lecciones aprendidas. 

¿Qué nos depara el año nuevo? ¿Un año de bendición y de victoria? ¿Un año de ser cabeza y no cola? Vean, el que les esté augurando ese tipo de cosas los está estafando… ¡huyan por su vida! No hay manera de saber si el 2021 va a ser mejor o peor… eso no lo van a encontrar en la Biblia porque la Biblia no es para eso. El 2021 habrá que caminarlo, paso a paso, decisión a decisión lo iremos construyendo.

Justamente el mensaje de Deuteronomio para sus lectores también era ese: ustedes saben lo que deben hacer y lo que deben evitar, tomen buenas decisiones para que les vaya bien en la tierra que van a heredar, tomen malas decisiones y asuman las consecuencias. Y creo que es un mensaje que nos sirve también hoy. No hay una cosa como un destino escrito para cada uno de nosotros, el universo no va a conspirar para que nos pasen cosas, vamos caminando y vamos aprendiendo, nos vamos equivocando en unas cosas y vamos triunfando en otras, pero lo importante es ir dejando que cada paso nos acerque más a Dios y a su reino en nuestro día a día.

Y vamos viendo a Dios en lo grande y en lo pequeño. Es una idea que le voy a copiar a mi amigo @cristianelezeta para este año, escribir en mi diario todas las cosas en las que vea algo milagroso, después les comparto cómo me va con eso.

Bueno, eso era todo por hoy, entonces les deseo un feliz año 2021 otra vez, sigamos caminando con Jesús, Él sigue estando con nosotros como lo hizo en el 2020. Gracias por escuchar.