En las registros de la experiencia de vida comunitaria que llegaron a nosotros a través del Nuevo Testamento, podemos observar que los primeros cristianos tenían algunas ideas muy diferentes sobre lo que es ser iglesia que las que tenemos actualmente. ¿Qué significa realmente la unidad? ¿Tenemos que pensar todos igual para poder hacer iglesia juntos? ¿Vale la pena insistir en ser parte de una iglesia? En este episodio reflexiono sobre estas y otras preguntas relacionadas con la razón de ser de la iglesia y nuestra vocación como cuerpo de Cristo.

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Transcripción

Hola, hola, hola. Este es un episodio más de Notas Sueltas, el podcast del Cancionero Cristiano. Episodio número 14, jamás pensé llegar tan lejos. Ya sé que eso digo en cada episodio, ¡pero es verdad!

Quiero empezar agradeciéndoles, como de costumbre, por sacar el tiempo para acompañarme en estas reflexiones. De esto se trata este podcast, de compartir reflexiones personales… y quiero hacer énfasis en esa palabra: personales. Lo que les comparto aquí son preguntas, cuestionamientos, aprendizajes míos, en mi caminar con Jesús. No estoy tratando de influenciar a nadie para llevármelo al camino del error, ni estoy replanteando el cristianismo, ni nada por el estilo. 

Si a alguno de ustedes le parece que vale la pena escuchar esto, ya sea porque se ha hecho las mismas preguntas o porque se identifica con algo de lo que digo aquí, o porque sencillamente le gusta escuchar puntos de vista diferentes a los suyos… pues bienvenido, bienvenida. Si por el contrario, cree que esto no edifica, seguir de largo es una opción muy válida. No hay ningún mandamiento que diga que hay que detenerse en cada post en redes sociales con el que uno no esté de acuerdo a dejar un “me enoja”, o un “me divierte”, o una chorrera de versículos… aunque pareciera que sí, pero no… no existe. 

Bueno, entonces arranquemos. Si es que quedó alguien después de esta cantaleta.

Les quiero hablar hoy de la iglesia. Quisiera invitarlos a pensar en lo que significa la iglesia, al menos lo que uno puede ver que Jesús tenía en mente al juntar a una gente alrededor de su mensaje. También a que le echemos un poquito de cabeza al por qué de la iglesia, a la razón de ser, a la misión de la iglesia, para usar la jerga que se utiliza en el mundo empresarial. Y hablemos también de por qué los modelos que tenemos en la cabeza sobre lo que es una iglesia, una comunidad de gente que sigue las enseñanzas de Cristo, a veces se parece tan poco a lo que era esa idea original.

Yo sé, y tengo que reconocer, que lo que han escuchado aquí en este programa, en este podcast, podría considerarse un poco subversivo, un poco incendiario, o bastante incendiario, depende de en qué punto del espectro ideológico cristiano occidental se encuentre usted. Y eso ha sido a propósito, claro, pero también de pronto puede generar una idea equivocada sobre mí como creyente en las personas que no me conozcan. Entonces creo que es importante empezar por ahí.

Yo no soy un guerrillero santo, un revolucionario de Dios, ni nada por el estilo. La revolución no es lo mío, a mí me gusta es pensar y conversar. Y, para ser honesto, soy más bien tirando a conservador en muchas cosas. Y la vida de iglesia es una de esas cosas. Yo soy un completo convencido de que ser parte de una comunidad, de un rebaño, de una familia en la fe, como se quiera llamar, es vital para el crecimiento cristiano. Me encanta asistir a la iglesia, compartir con la gente, participar en las actividades, ofrecerme para ayudar en lo que pueda.

Claro, y pues no estoy de acuerdo con un montón de cosas que pasan en las iglesias, en mi iglesia, puntualmente. Y eso está bien, no solamente creo que es válido, sino que es precisamente de eso de lo que se trata la vida en comunidad, como vamos a ver más adelante. Pero quiero hacer esa aclaración porque de pronto alguien puede pasar por acá y pensar: este man tiene razón, todas las iglesias lo están haciendo mal, abajo el protestantismo, rompamos las Biblias, aborto legal, seguro y gratuito… Que yo no creo pues que yo sea tan convincente, pero uno nunca sabe… por si acaso. Lo que pasa es que pues uno le hace más énfasis a lo que cuestiona. Lo que me parece que funciona, pues dejémoslo quieto. Puede ser a medias, pero funciona, eso está bien.

Entonces, hablemos de la iglesia. 

Si uno se pone a pensar, la Biblia es un diario de comunidades de fe. Esa recopilación de libros son el producto de gente que se agrupó alrededor de unas creencias, de una búsqueda de Dios, y ahí quedaron sus reflexiones, sus temores, sus intentos de respuestas, sus fracasos, todo. De eso ya hablamos un poco en otro de los episodio, ¿cierto? Y bueno, una de las cosas en las que sigo siendo más bien conservador es en cuanto a la inspiración de las Escrituras. Para mí las Escrituras sí son palabra de Dios, como conjunto, entendiendo que hay cosas que transmiten un mensaje de Dios aunque no son regla de vida, más bien son ejemplos de cómo Dios obra dentro de los contextos humanos. Pero, además de ese componente espiritual y divino de lo escrito en la Biblia, creo también que la Biblia es un libro muy humano, que refleja también mucho de lo que somos y de lo que quisiéramos ser.

En fin, en el caso de lo que conocemos como el Nuevo Testamento, son escritos que reflejan el pensamiento en lo que respecta a la fe de las comunidades de ese tiempo en el que fueron producidos. Seguidores de Jesús del primer siglo, con todo lo complejo de su multiculturalidad, por ejemplo del su exilio, en el caso de los judíos después de la diáspora, o también de las luchas por integrarse a una comunidad de origen judío, en el caso de los gentiles o paganos que se convirtieron en cristianos. Y ni hablar de las persecuciones e intentos por sofocar lo que se veía en el Imperio de la época como una revuelta peligrosa, o al menos como una religión muy rara.

Todos esos factores se ven reflejados en el mensaje que nos llegó a través del Nuevo Testamento. La esperanza de un futuro mejor, en el libro de Apocalipsis, en ese enfrentamiento entre la bestia del Imperio contra la gloria del Rey de reyes, Jesús. La cercanía de Dios a los pobres y a los rechazados, como se ve en los evangelios, en las historias de un Jesús rural, conviviendo en las aldeas, no en las grandes capitales, sino en las periferias, entre los pobres. Y así, podemos ver en cada parte del texto, entre líneas, el reflejo de lo que debía significar ese mensaje para sus primeros destinatarios. A veces se nos olvida que la Biblia no fue escrita, al menos no de manera directa, para nosotros, creyentes del siglo XXI.

Y así mismo se puede ver cuáles eran las ideas a las que le daba importancia ese primer cristianismo, esos fundamentos de lo que sería el proyecto del Reino de Dios entre los hombres, ese Reino que dijo Jesús: “Ya está entre vosotros”. Claro, el libro de los Hechos bastante explícito en cuanto a cosas como el compartir los bienes en comunidad, mantenerse unidos a través de la oración y de la comunión, del impulso misionero para fundar nuevas comunidades de discípulos en todos los lugares posibles, y claro, de la oposición y persecución que sufrieron estas nuevas ideas. 

Pero también los otros escritos dan fe de cómo funcionaban las comunidades cristianas: con un liderazgo plural, de pastores o ancianos y diáconos en cada iglesia, basado en unos estándares de carácter y de madurez en cuanto a la ética cristiana bastante elevados. También se ve en esos textos que se promovía un sacerdocio, usando una imagen familiar para los que venían del judaísmo, podríamos decir un servicio igualitario, en el que participaban todos los miembros, hombres y mujeres, de acuerdo a sus capacidades, a los llamados dones o carismas del Espíritu. 1 Corintios es un texto clave en esta exploración, por ejemplo. Ahí Pablo da unas instrucciones como para organizar los momentos en los que la comunidad se reunía, y pone unas pautas para la celebración de la Cena del Señor, para la manera en la que se debían tomar acciones frente a conductas consideradas inmorales dentro de la moral del Evangelio, y otras cosas prácticas como pautas para cuando quieren profetizar, entonces por turnos y dejando participar a los otros, para cuando una mujer o un varón querían orar o compartir una profecía, un mensaje de Dios para la comunidad.

Bueno, y así sucesivamente. Todos los otros textos que componen el Nuevo Testamento muestran detalles, algunos muy explícitos y otros más bien sutiles, pero están llenos de detalles sobre la dinámica de estas comunidades, lo que era valioso para ellas, lo que consideraban más importante.

Y entonces hay varias ideas recurrentes que uno puede encontrar en todo el Nuevo Testamento, en las palabras de Jesús y en las enseñanzas atribuidas a los apóstoles.

Una de ellas, la que a mí me parece más importante, es el asunto de la unidad. Siendo el Evangelio un llamado amplio y abierto para todas las personas, sin distinción de género, condición social, nacionalidad o religión, pues se entiende la necesidad de insistir en este principio: somos uno en Cristo. Aparece esa metáfora tan linda que usa Pablo, precisamente en 1 Corintios, y en otros lugares, de todos los creyentes como miembros de un cuerpo, del cual Jesucristo es la cabeza.

Pues la pluralidad de los primeros cristianos también fue motivo de cuestionamientos y preguntas, ¿cierto? Sobre todo en relación con los ritos judíos, como la circuncisión, la observación del sábado, y otros. Pero bueno, siento que me estoy poniendo muy teórico, voy a aterrizarlo un poco.

Entonces, hablando de la unidad, esa idea central de lo que debería caracterizar a una comunidad de cristianos aparece en todo el Nuevo Testamento, en los Evangelios, donde Jesús incluso aparece realizando la oración más larga que se le atribuye, Juan 17, que es un discurso precioso sobre la unidad de los creyentes. Aparece en los Hechos en medio de las anécdotas de la primera iglesia. Aparece en las epístolas, con esas metáforas de todos los cristianos como un cuerpo, que ya la mencionamos, como una casa (o sea, una familia). Y aparece en el Apocalipsis, en esa escena que también comentamos en otro episodio, con los redimidos de todo linaje y lengua y pueblo y nación.

¿Qué pasa con esa idea de unidad? Pues, primero, es más que obvio que lamentablemente no queda mucho de ese distintivo de los cristianos. Pero, pues no hablemos de una sola iglesia universal, sino de nuestras pequeñas comunidades locales. Al interior de las iglesias cristianas, la unidad se confunde peligrosamente con la uniformidad. Y vea que son dos cosas muy distintas.

Para muchos la iglesia es un lugar donde la gente que llega tenemos que trabajar para ponerlos a pensar lo más parecido a nosotros. Discipulado, ¿no? Entonces, venga le explicamos lo que nosotros pensamos sobre el bautismo, sobre el infierno, sobre el fin del mundo, sobre todos los temas importantes de nuestro sistema teológico. Todo esto es con lo que usted debe estar de acuerdo para hacer parte de esta iglesia, y claro, para ir al cielo, por supuesto.

Y además de todos esos grandes temas teológicos, pues también tenemos que hablar de otras cosas más complejas, como el Halloween, el árbol de navidad, el vestuario, el maquillaje, los tatuajes, las actividades sociales, el cigarrillo, la música del mundo… Ahí es donde aparece la crítica que muchos tenemos respecto a la imposición de ideas, ya sea a favor o en contra, pero en todo caso, las ideas de uno que se supone que tienen que ser las ideas de todos.

¿Será eso unidad? Pues en virtud de esa supuesta unidad es que, precisamente, las iglesias se fracturan y se llenan o de personas que tratan de acomodarse a esos reglamentos, sintiéndose cada vez más satisfechos con su vida cristiana por el simple hecho de cumplir con esos requisitos de piedad externa; o, por otro lado, pues se van dividiendo, ya sea porque los que no aguantan ese trote o sencillamente piensan diferente, se van y chao que te vi, o se juntan entre ellos y alquilan un garaje y forman otra iglesia.

Pues la idea de unidad que yo veo en la Biblia no tiene mucho que ver con que todos piensen igual, se vistan igual, hablen igual. Al contrario, uno lo que ve en los escritos del Nuevo Testamento es que precisamente en virtud de esas diferencias, aparece lo que realmente es el corazón, la razón de ser de la iglesia: aprender a vivir el amor al prójimo. ¿Por qué pienso eso? Pues porque aguantarse al diferente, al que no está de acuerdo conmigo en todo, al que no le da importancia a cosas a las que yo sí le doy importancia, pues ahí es donde yo aprendo lo que realmente es el amor. Soportar las cargas los unos de los otros, es una expresión paulina, en Gálatas creo que está.

La benignidad, la mansedumbre, la amabilidad, la paciencia con el otro, esas cosas no se practican cuando todos están de acuerdo conmigo. Al contrario, se tienen que ejercitar dentro de las dinámicas normales de cualquier grupo humano, con las complejidades adicionales de una búsqueda espiritual, porque claro, del hermanito en la iglesia yo espero que sea mejor, que sea santo, en términos evangélicos. Y pues también le quiero mostrar lo santo que yo soy, claro está.

Eso es lo que dicen los escritos paulinos, por ejemplo. Sopórtense, no se juzguen con dureza, no peleen por cosas sin objetivo. Claro, pues aclaro que aquí no estamos hablando de asuntos centrales en lo que tiene que ver con la ética cristiana, como la fidelidad en el matrimonio, la mentira, etc. No es que voy a llegar a la iglesia a argumentar que tengo un punto de vista muy diferente sobre robar plata de las ofrendas, porque me parece muy bien, y me tienen que aguantar. Todo hay que aclararlo jejeje.

Pero me refiero a esas áreas grises en las que, si somos honestos, predomina más el asunto cultural o la costumbre o los paradigmas que nos han enseñado. Por ejemplo, el cigarrillo. Fumar es una cosa de lo más normal entre los cristianos en Europa, al menos eso es lo que me han contado mis amigos de por allá. Pero aquí en América Latina es un pecado de los más graves. Si hay algo incompatible con un cristiano, es verlo con un pucho en la boca, ¿sí o no? ¿Pero entonces, es pecado aquí y en Europa no, o cómo es la cosa? Y bueno, si se va uno a la Biblia, pues hay defensores y opositores del cigarrillo que seguramente encuentran sustento muy bíblico para decir por qué es la voluntad de Dios que un cristiano no fume o que sí fume.

Y yo creo que ese es un asunto que nunca vamos a resolver, y precisamente de eso se trata. La unidad de la iglesia no es que todos veamos el cigarrillo con los mismos ojos, y aquí no estoy diciendo que ahora arranquen todos a fumar. Por el contrario, en virtud de lo verdaderamente importante del Evangelio, del amor al prójimo, que está por encima de cualquier norma que nos queramos imponer, yo podría perfectamente, es más, debería perfectamente estar dispuesto a no fumar jamás si con eso voy a hacer tropezar a mi hermano, al menos así lo explica Pablo, con otro ejemplo más heavy, como el de comer carne ofrecida a ídolos en rituales paganos.

Unidad y no uniformidad. Un texto que me parece precioso, del Antiguo Testamento, es el Salmo 133, que utiliza la palabra “armonía”, según algunas traducciones al español. Ejad, creo que es el término hebreo. “Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía”. Y la palabra armonía tiene una connotación musical que me parece que ilustra muy bien esto de lo que vengo hablando, y es precisamente como un número plural de voces diferentes pueden sonar bien juntas por el hecho de estar dentro de la misma escala.

Vean, hagamos un experimento muy sencillo, una triada mayor. Siempre he querido hacer algo así, y hoy gracias a la magia del internet puedo hacerlo en presencia de todos ustedes jejeje. Bueno, mentiras, simplemente voy a hacer tres notas musicales diferentes y luego las junto para ver cómo suenan a la vez. Ahí van por separado (canta).

Esas tres notas son el primer, tercer y quinto grado de una escala mayor. Digamos que Do. Entonces las notas por separado son Do, Mi y Sol. Tres notas distintas, cada una un poquito más aguda que la anterior. Ahora vamos a escucharlas juntas (canta).

¿Ven? Las tres notas juntas suenan armónicamente, porque las tres pertenecen a la escala de Do. Eso que acaban de escuchar es el acorde Do mayor. Las tres notas que son diferentes forman una armonía. Y por eso cuando uno escucha una canción, cada instrumento, cada voz, está haciendo notas diferentes. Sería muy aburrido si la guitarra, el piano, el bajo, las voces, hicieran todos la misma cosa. Pero para eso los músicos estudiamos teoría musical, y pues la magia de la música está precisamente en saber combinar todos esos sonidos tan distintos en algo que suene agradable y armónico.

Ese es un ejemplo de lo que debería ser la iglesia. Un grupo diverso de personas, con diferentes historias de vida, en diferentes puntos de su caminar con Dios, y claro está, con sus diferentes defectos y compliques y caprichos. Pero la escala que nos une, lo que nos da la unidad, es Jesucristo, que es la cabeza. Si estamos todos agarrados de Él, podemos crecer juntos, podemos acompañarnos en ese caminar a la luz del Evangelio, podemos practicar las virtudes y valores que nos enseñó Jesús y seguir juntos su ejemplo.

Vean, las doctrinas son importantes, es chévere la reflexión teológica, eso es genial. Pero el asunto con las doctrinas, con las convicciones personales, es que convencer a otro de que las cambie es muy complicado. El que cree que fumar no es pecado, es muy difícil que yo a punta de versículos lo convenza. Si mucho lo que voy a lograr es que fume por allá escondido cuando nadie lo está viendo, y pues de eso no se trata. O se va para otra iglesia donde sí lo dejen fumar o donde no lo pillen y listo, problema arreglado. Y apliquémosle eso a todas las cosas en las que pensamos diferente.

Pero la iglesia no es para eso, no es para formar mentes uniformaditas, todos de acuerdo en cómo es la manera santa de vestirnos, en cuál es la música santa para escuchar, en cuáles son las ideas mundanas a las que no debemos hacerles caso… La iglesia debería ser ese laboratorio de prácticas, ese patio de recreo a donde vamos a encontrarnos con otros, a poner en práctica precisamente lo que vamos aprendiendo de Dios. En los conflictos, en los desacuerdos, en los debates incluso, allí está la oportunidad de ser iglesia, de aprender lo que significa ser paciente con el otro, darle más importancia a lo que el otro piensa que a lo que pienso yo, en lugar de tratarlo de idiota y de hereje y de ignorante y de mundano.¿Cómo era que decía Pablo? Estimando a los demás como superiores a uno mismo.

Para eso es que sirve la iglesia. Al menos esa es una de las razones por las que yo hago parte de una. Y bueno, los hermanitos de mi iglesia, no sé si escucharán esto, tal vez si lo escuchan se escandalizarían creyendo que me estoy desviando de la fe invitando aquí a feministas y liberales y humanistas jejeje. 

Pero pues yo espero que me acepten y me amen con esas preguntas que yo tengo, obviamente yo no llego allá a la iglesia los domingos a ponerle pelea a nadie porque no piensa como yo, pues yo también los acepto y los amo así. Y ahí vamos para adelante, reflexionamos y hacemos como decía Wesley, “pensamos y dejamos pensar”, tratando de poner en práctica lo importante, el amor, el perdón, la paciencia. Yo estoy seguro que Jesucristo me va a pedir cuentas es por cómo traté a mis semejantes, cómo le di a conocer el amor de Dios al que tenía a mi lado, al hermanito que se pegó un viaje de una hora y media para llegar a la iglesia a alabar al Señor, o a la hermanita que le tocó rebuscarse por ahí en todos los bolsillos de la casa para juntar para el pasaje, para llegar con sus niños al culto, o al hermano que sale a orar y no se le entiende muy bien, pero me alegra escucharlo porque en él también veo a Jesús.

Bueno, se me fue el tiempo, solo hablé de una de esas virtudes de la iglesia, de la importancia de la iglesia en la vida de fe. Tengo otros, pero no quiero que se alargue tanto este programa de hoy, entonces mejor los dejo por ahí en remojo para un futuro episodio. 

Termino con esta idea, que sí me parece importante para cerrar el argumento. Y es que esos objetivos, esas razones de existir de la iglesia para beneficiarnos nosotros como creyentes, también tienen un objetivo frente a los no creyentes. Dos expresiones que aparecen una en Mateo 5, “así alumbre vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre”… Y 1 Pedro 2, que dice que somos un linaje escogido, un real sacerdocio, una nación santa y remata con el objetivo: “para anunciar las virtudes de aquel que os llamó”. 

¿Para qué sirve la iglesia? Sirve para que la gente vea a Dios. Para que el amor de Dios se haga palpable, no por nuestra doctrina, “para que vean vuestra buena hermenéutica y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”… Es que no se trata de eso, nuestra misión como iglesia no es convencer a los no creyentes, y de paso a los creyentes de otras denominaciones, que están muy equivocados. Al contrario, es con el amor, es con nuestras buenas obras, con nuestra excelencia como ciudadanos, como miembros de la sociedad, como miembros de una familia, como esposos, hijos, hermanos, vecinos, empleados, jefes ejemplares.

Por eso las comunidades cristianas del primer siglo no nos dejaron 5 argumentos para dejar en ridículo a los ateos, cómo humillar a una abortista… ¿Cierto? Como esos títulos de los videos en Youtube de apologetas, eso me da vergüenza, se los tengo que confesar. 5 razones por las que los católicos se van a ir al infierno, la número 3 te volará la cabeza.

Claro que no, lo que uno ve en esos textos, inspirados por el Espíritu Santo para nuestro beneficio, así lo creo yo al menos, son instrucciones prácticas para ser ciudadanos ejemplares, para funcionar con los valores del Evangelio en una sociedad corrupta, que no iba a cambiar, y que no era su responsabilidad cambiar, porque uno no veía a los apóstoles encabezando marchas en contra de los ídolos romanos, un plantón para destituir a Nerón. Sino que les dice: vivan sin mancha, mantengan una buena conciencia, brillen, resplandezcan como luminares en el mundo, que la gente sepa que ustedes siguen a Jesús por cómo viven, por cómo se aman, por cómo se ayudan. Que aunque ellos no se conviertan, aunque no cambien de parecer, aunque sigan siendo paganos, tengan que reconocer que ustedes son diferentes.

¿No les parece un objetivo genial? Hagámosle pues.