¿Cómo hacer para permanecer en una iglesia donde hay personas que te dicen que la carrera que escogiste no es para un cristiano? ¿Que tu profesión es pura basura? ¿Que debes permanecer callada y sujeta por ser mujer? En fin, ¿cómo aprender a convivir con la diferencia? En este episodio sostuve una charla sobre estas y otras preguntas con mi hermana, Heydi Trejos, psicóloga especializada en psicología clínica, activa en ministerios de liderazgo de jóvenes y capacitación a estudiantes de formación bíblica.

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Notas del episodio

Transcripción

Heydi: Danke, danke, dass ihr dabei wart… und tschüss! No, eso no lo vayas a poner, eso no lo pongas (risas)… Eso es muy lámpara…
Abner: Esa será la intro del podcast…

[SUENA MÚSICA INTRO]

Abner: Aquí comienza el episodio número 5 de Notas Sueltas. Hoy tengo una invitada, mi primera invitada. Y es una persona que considero casi una hermana… es mi hermana, Heydi Trejos (risas). Ella se está conectando conmigo desde la ciudad de Ibagué, donde viven mis padres, mi familia, donde yo nací, donde ella nació, y donde compartimos muchas cosas en común, a pesar de una diferencia de edad bastante grande… Yo tenía 8 años cuando ella nació, el Señor empezó a darme pruebas así de difíciles desde una edad muy temprana… (risas)
Heydi: (risas)
Abner: Y bueno, ella es sicóloga, y es mi hermanita, y para efectos prácticos yo siempre la he llamado «Teti»… Bueno, no siempre, pero sí la llamo «Teti», entonces ustedes sabrán disculpar y reconocer cuando me refiera a ella con ese remoquete de cariño. Entonces, bienvenida, Teti. Es un placer tenerte aquí, cariño, gracias por aceptarme la invitación.
Heydi: Hola y muchas gracias por invitarme, estoy más que complacida de acompañarte en este proyecto, del cual soy fan número uno. Entonces, muchas gracias.
Abner: Sí, lo sé… lo sé. Siempre cuando estoy subiendo el episodio a las 12:30 de la noche le pregunto a Teti cosas de última hora, y ella me ayuda a cuadrar. Entonces ella es la responsable de muchas de las cosas que ustedes escuchan.
Heydi: (risas)
Abner: Bueno, cuéntanos un poquito de ti. Pues yo siempre digo que eres sicóloga, pero pues eres un montón de cosas que yo, la verdad, nunca me he aprendido, entonces danos ahí como un perfil rapidito para conocerte un poquito mejor.
Heydi: Bueno, sí. Pues en cuanto a la formación académica que tengo, ya lo has dicho, soy sicólogo. Y pues además trabajo en el área clínica, soy especialista en sicología clínica y a eso me dedico actualmente pues en el campo laboral. Tengo consulta particular y atiendo pues casi todo tipo de pacientes: niños, adolescentes, parejas, adultos. Entonces esa es mi formación pues como profesional. Además pues me gustan mucho los idiomas y tuve la oportunidad de aprender alemán, viviendo en Alemania también un tiempo, entonces desde que regresé también estoy dando algunas clases de alemán. Entonces pues ahí también tengo como un perfil de profe, a pesar de que no es mi formación, pero sí trabajo enseñando alemán ya hace tres años. Eso en cuanto a lo que hago pues como laboralmente, pero me gustan muchas otras cosas, como dijiste. Me encanta cocinar, me gusta la música, aunque no soy pues una experta, pero me gusta cantar, y me gusta la música en general, me gusta leer, me gusta escribir y viajar…
Abner: Me gustan los aviones, me gustas tú…
Heydi: Exactamente, sí (risas)

Abner: Teti, ¿cómo es eso de ser sicóloga en un ambiente más o menos hostil? Yo me acuerdo cuando yo iba a estudiar a la universidad, cuando salí del colegio, en 1999. Estaba el cambio de milenio, y entonces Saddam Hussein era el anticristo y (risas) pues a mí me dijeron que para qué iba a estudiar a la universidad si el Señor ya estaba a las puertas. Eso fue hace más de 20 años, 22 años… Pero pues yo quería estudiar una ingeniería y el mundo de las matemáticas siempre se ha relacionado mucho con Dios, y la física, y muy bueno para ir a contradecir a los ateos… Pero la sicología, al menos en el ambiente en el que nosotros nos criamos, yo me acuerdo que era más bien como una cenicienta, como que eso no es profesión para un cristiano, porque por allá les enseñan es cosas materialistas y se vuelven agnósticos, incrédulos… ¿Cómo fue tomar esa decisión de irte por esa profesión?
Heydi: Sí, tienes razón cuando dices que es un ambiente hostil. Cuando yo empecé a interesarme por la sicología, yo recuerdo que estaba en 9°, en el colegio, y estaba leyendo una cartilla que nos dieron en una de las universidades locales de pues sus diferentes ofertas académicas. Y yo antes de eso no recuerdo haber nunca escuchado sobre sicología, es decir, yo nunca había conocido un sicólogo, ni nada de eso. Cuando empecé a leer acerca de los perfiles de todas las profesiones que ofrecía esta universidad, pues la de sicología me llamó mucho la atención porque tenía que ver con cosas que a mí me gustaban, como trabajo con personas, todo lo que tenía que ver con el diagnóstico de problemas mentales, asesorías… Programas de intervención, como prevención también… Entonces empecé a investigar un poco más acerca de eso y me llamó mucho la atención, y casi que creo que desde ese momento decidí que quería estudiar eso, a pesar de que en mi familia… Pues mi papá siempre tenía como la idea de que quería tener un hijo médico y como no lo logró contigo (risas), entonces ya me estaba haciendo inception a mí, ¿no?… «No, eso tienen que estudiar es medicina, porque esa es una carrera que eso sí… muy bien, y muy bueno tener un médico en la familia»… Entonces en algún momento lo dudé, pero muy en el fondo mis afectos estaban era hacia la sicología…
Abner: ¿Y recibiste algún tipo de feedback como… hey, esto es del diablo, o…?
Heydi: Sí, voy para allá. Cuando mi papá ya se dio cuenta de que no podía pues como (risas) con la idea mía de que quería ser sicóloga… A él no le molestaba la idea de que yo estudiara sicología, sino que quería o prefería la medicina para mí, pero cuando ya se dio cuenta pues se dio por vencido y… y él siempre me apoyó mucho, en realidad mis papás siempre fueron muy… ¿cómo se dice eso?… como «supportive»… fueron muy ¿apoyadores? (risas)
Abner: (risas)
Heydi: Me apoyaron mucho (risas)
Abner: Apoyativos…
Heydi: Apoyativos… Mi papá nunca, nunca, recuerdo que nunca en todos los cambios que hicimos de ciudad me obligó a estudiar en un lugar donde yo no quisiera, o a quedarme en un lugar donde yo no quisiera. Entonces eso no fue un problema, en la familia yo no recibí ningún tipo como de rechazo o de resistencia frente a eso. Pero cuando lo hice público con la asamblea en la que me congrego, la comunidad cristiana donde me congrego, sí recibí muchas críticas al principio, que incluso me hicieron dudar de haber hecho una buena elección…
Abner: (risas)
Heydi: Muchos hermanos me dijeron «pero, hermana, ¿usted por qué va a estudiar eso?». Yo recuerdo que un hermano se acercó y me dijo estas palabras, no las voy a olvidar, literal me dijo: «Hermana, la sicología es un montón de basura, entonces yo no sé usted por qué está estudiando eso, si esa no es una carrera para un creyente». Entonces hubo mucha resistencia al principio frente a esta decisión, además porque creo que era la primera persona en la comunidad cristiana donde voy, donde me congrego, que estudiaba sicología. Ahora ya conozco como 6 o 7 que han estudiado o están estudiando, pero en ese tiempo creo que no había nadie que hubiera hecho esa elección antes. Entonces, creo que fue también como un choque para ellos… sí, hubo mucha resistencia. Sin embargo, yo también a la vez que escuché muchas críticas, también hubo hermanos, un par de hermanos muy comprensivos que me dieron ánimo al respecto y un hermano me dijo específicamente también que él pensaba que con cualquier carrera se podía servir a Dios y también deshonrar a Dios, entonces que el problema no era la sicología sino el corazón, y la intención con la que yo fuera a ejercerla pues más adelante. Y eso fue al principio, porque ya después de conocer cómo funciona la ciencia del comportamiento, pues me di cuenta de que no tiene nada que ver una cosa con otra, en términos pues de… como que voy a deshonrar a Dios o algo así. Porque también mucha gente habla desde lo que piensa que es la sicología y desconocen realmente que es una ciencia que se basa en evidencia, que es igual que pues cualquier otra ciencia del conocimiento. Entonces creo que eso hace que haya una falsa idea, ¿no? Se imaginan que es como uno sentado en un sofá con otra persona diciéndole, «sí, yo sé cómo te sientes… bueno, sí, haz esto…». Pero pues es mucho más que eso, es análisis, es comprobar evidencia y todo eso.

Abner: Muy interesante. Pues nosotros crecimos en un ambiente muy anquilosado al pasado, y de pronto gente que escuche esto dirá «ah, pero es que pues cristianos sicólogos hay muchos», pero nosotros venimos de unas raíces un poco pegadas a tradiciones y a maneras de pensar que no están propiamente acorde con el siglo XX, con el siglo XXI… siglo XX en aquel entonces… Entonces, bueno… pues, puede sonarle raro a mucha gente. Incluso, quería conversar contigo como mi primera invitada, porque pues compartimos la misma familia, compartimos el mismo ambiente, la misma comunidad y pues yo he estado contando aquí en el podcast algunas experiencias y las vivencias que yo he tenido y que me han llevado a moldear mi manera de entender y vivir la fe, y a veces pueden creer que es como una exageración, como «ah, este Abner sí exagera… (risas) eso no es así»
Heydi: (risas)
Abner: Pero me gustaría que desde tu punto de vista compartieras un poquito acerca de cómo fue crecer en ese ambiente tan fundamentalista, de cómo fue recibir el evangelio a base de esas tradiciones y de esas creencias tan condicionadas por una manera de pensar bastante particular. Cómo fueron las películas evangelísticas, por ahí tengo pendiente una anécdota de una película que a ti te encantaba…
Heydi: (risas)
Abner: Con la que seguramente el Espíritu Santo tocó tu corazón… entonces conversemos un momentico sobre eso.
Heydi: Sí, pues en realidad yo nunca supe que había otra forma de ver la fe, de ver a Dios, hasta hace muy poco tiempo. Uno crece pensando que en realidad la congregación donde uno está pues es la única, es la verdadera, es la original, es la versión pues…
Abner: Apostólica…
Heydi: Exactamente. Entonces en realidad para mí eso era lo normal, es decir, yo nunca me cuestioné que hubiese otras formas, porque creo que prácticamente todas las otras formas siempre fueron rechazadas antes de que llegaran a mí. Sí, ni siquiera nos permitían tener como algún tipo como de acercamiento, de cuestionamiento con otras formas de ver al mundo, a Dios, la fe. Por lo mismo que creo que nuestras congregaciones al ser como tan herméticas, tan tradicionales, son muy… en ese sentido, como impermeables. No están abiertas a diálogos, al menos desde que yo recuerdo no hay una apertura como a tener otros hermanos, y como escucharlos, al menos no de forma oficial, en espacios de la congregación, de la comunidad. Sí recuerdo que mi papá muchas veces invitaba a pastores locales, donde estuviéramos ubicados, a la casa y tenían unas onces y charlaban de cosas, pero para mí esas cosas eran como «están hablando de cosas de señores»… entonces yo tampoco me quedaba en las conversaciones a ver qué era lo que estaban hablando…
Abner: (risas)
Heydi: Pero yo sí recuerdo que teníamos otros hermanos en casa, pero era más una iniciativa de mi papá que algo oficial. Creo que la postura como pues oficial, no es como «compartamos con otros y escuchemos».
Abner: Claro…
Heydi: Entonces sí era algo pues como que yo no me cuestionaba, yo pensaba «pues aquí está la única, la original y pues estoy bien acá, qué afortunada soy de estar acá». Y creo que sí, claro… yo con esto no quiero decir que no me siento afortunada de haber crecido en la comunidad de fe donde crecí, pero sí era bien particular esa experiencia. Ahora, creo que lo de la anécdota pues es (risas)… es bien interesante. Cuando hablamos acerca de las experiencias de fe, de conocer a Dios, de hacer como un proceso de conversión, a mí me cuesta mucho encontrar un momento exacto en el que mi vida haya cambiado… porque yo me sentía, además, identificada con lo que decías, que escuchaste el evangelio y te convertiste fue a los 8, luego a los 8 y 2 meses, luego a los 8 y 4 meses… Pues yo te gané, yo empecé realmente a ser conciente de eso como a los 5 años…
Abner: Ok…
Heydi: Y yo me acuerdo que la primera vez yo dije… mi papá estaba haciendo una campaña evangelística de esas que hacen con micrófono al aire libre por allá en una vereda y entonces invitan a las personas a que pasen y vamos a hacer una oración de fe… Y yo tenía 5 años, y yo me acuerdo que yo lo quería hacer y pues pasé y lo hice, ¿no? Y mi papá estaba ahí y supongo que pues él me dijo lo mismo, ¿no? «Hay fiesta en el cielo, muy bien, bienvenida, ahora eres una hija de Dios». Pero eso pues me duraba 2 semanas, 3 semanas… Cada vez que llovía yo tomaba la decisión de entregar mi vida a Jesús. ¿Por qué? Porque había una película en la que el arrebatamiento, el rapto, eso tan nuestro, estaba relaciona con la lluvia. Entonces cada vez que llovía pues era porque se anunciaba como la venida de Jesús a la tierra, y cuando estaba en mi casa yo siempre oraba «Señor, Señor, por favor, yo no me quiero quedar acá»… Entonces para mí era como un estímulo que despertaba en mí esa necesidad de estar segura de mi salvación. Entonces era cuando llovía. La segunda anécdota de la que te estaba hablando es la que tiene que ver con «Hades», cuando estabas contándola en el podcast antepasado yo me acordé y me reí mucho, porque esta era de la película donde esta persona se quedaba como en coma y entonces su alma se iba al Hades y tenía que huir de la persecución de unos demonios que salían corriendo en calzoncillos…
Abner: (risas)
Heydi: Además era muy chistoso, ¿no? Porque había un demonio que era como gordito y otro flaquito, entonces el gordito corría pues muy, muy esforzado (risas), casi que no podía correr y el demonio flaquito sí hacía pues todas las posibles maromas y piruetas pues con su cuerpo, entonces era muy chistoso, pero a mí no me parecía chistoso en ese tiempo, yo tenía mucho terror por la película…
Abner: Era como un demonio ninja, era como el Jackie Chan del infierno, algo así…
Heydi: (risas) Sí, y además eran demonios mexicanos, ¿no? Es una película mexicana, entonces el demonio gordito le decía al flaquito: (imita acento mexicano) «Espérate, no corras tan rápido, wey»…
Abner: (risas)
Heydi: Y entonces era muy chistoso, pero en ese momento pues yo me acuerdo que a mí me daba mucho, mucho, mucho miedo, y eso hacía que yo cada vez que la veía pues orara: «Señor, yo no quiero irme para el infierno, esos demonios no me gustan»… Y bueno…
Abner: (risas)
Heydi: Ahí entonces tuve un proceso de conversión de cada ocho días pues, además porque era la película favorita de las campañas en ese tiempo, ¿no? La ponían en pantalla gigante y amplificaban el sonido y todo. Entonces era pues el terror de todos los niños, yo me acuerdo que los otros niños de la iglesia también eran como «¡Ay, van a poner Hades!». Y todos salíamos corriendo a escondernos…
Abner: Ay, era cine de calidad… Cine de calidad, tu iniciación en la apreciación cinematográfica fue bastante interesante (risas)
Heydi: Exacto, sí, sí…

[SUENA INTERMEDIO]

Abner: Teti, pero o sea… mencionaste hace un rato también… pues, me parece muy curioso lo que implica la experiencia intercultural de uno irse a otro país, vivir pues no solamente la cultura propiamente de la gente, sino también la cultura de la iglesia. ¿Cómo fue ese choque? Porque tú viviste en Alemania, que Alemania tiene fama de ser un país muy cerrado, una cultura comparada con la latina, obviamente, pues como más bien hermética… Pues mira que James Rodríguez no se quiso quedar allá en el Bayern porque los alemanes eran muy fríos (risas)
Heydi: (risas)
Abner: Entonces, no sé si hubo un choque ahí o más bien te sentiste como en tu salsa… o cómo fue encontrar esa manera alemana de ver la fe dentro de la denominación, además, a la que pertenecíamos desde niños, porque fue un acercamiento con las mismas comunidades… ¿cómo fue esa experiencia?
Heydi: Sí, en general la cultura, no solamente de los cristianos, sino de la sociedad alemana es mucho más como cerrada, en términos pues como de relaciones y eso. Pero, en cuanto a la comunidad de fe, yo no me sentí realmente muy como… asombrada. Es más porque yo también pues tengo como una capacidad de adaptación rápida, no me cuesta adaptarme a los cambios, pero también porque cuando fui a Alemania, yo ya tenía también como una visión un poco más abierta de los alemanes en general, por la cercanía con mi mejor amiga pues que es alemana, que antes de irme ya habíamos hablado mucho al respecto. Pero ya la experiencia allá pues fue, para mí, enriquecedora. Sí aprendí muchas cosas, no fue más bien un choque, pero sí un aprendizaje, por ejemplo en cuanto a cosas que nosotros acá nunca cuestionaríamos, porque para nosotros es entre comillas «claro»… porque para nosotros no hay discusión al respecto y que allá son totalmente discusiones resueltas y olvidadas. Por ejemplo, el hecho de que las mujeres vayan en pantalón a la iglesia. Sé que para muchas congregaciones cristianas en este… personas que escuchan este podcast dirán, «pero eso tampoco es una discusión para nosotros». Pero en nuestra comunidad de fe, por ejemplo, eso es una discusión y todavía se pasan horas hablando de por qué sí, y por qué no, y entonces los que están a favor y en contra… Y eran cosas que allá ya están superadas y es como… desde mi punto de vista, no se pierde el tiempo hablando de eso. Y de cosas que nosotros acá, digamos cosas como más de forma y no de fondo, acá gastamos mucho tiempo en eso, en las cosas de forma. Que si ponemos esto, que si no, que si se puede hacer esto, que si no, que si quitan, que si ponen… Y esto realmente, pienso yo, nos lleva a perder mucho tiempo. Me gustó mucho también el estilo como tan sobrio, de expresiones pues allá de fe, la manera en la que hacen las cosas, aunque creo que eso ya es digamos una cuestión de gusto personal. Pero sí me pareció que había muchas ventajas frente a nosotros, en lo que tiene que ver con estas discusiones en las que nosotros todavía perdemos tanto tiempo y que realmente son cosas más de libertad de conciencia, ¿sí? Que no compete a una comunidad como grupo tomar una decisión o una postura al respecto, sino pues cada uno verá en ese sentido cómo se siente y pues qué tal está su conciencia para hacer ese tipo de cosas. Repito, lo que tiene que ver con el pantalón, lo de si se puede o no se puede, bueno… hacer otras cosas pues que son como tan punto de discusión acá y tan polémicas acá.

Abner: Claro, uno creería que realmente esas discusiones están muy mandadas a recoger, pero se sorprende de ver tantas historias de gente que han vivido lo mismo. Cuando yo empecé a abrirme a otras posibilidades y a otras conversaciones alrededor de estos temas, y bueno, de temas mucho más complejos incluso, no tanto de forma, sino de fondo… pues fue una gran sorpresa para mí ver que prácticamente todos nos habíamos criado en la misma iglesia, ¿cierto? (risas) Fue como ver tantas historias comunes, y uno por fuera ve como, «no, estas iglesias tan modernas, y estas iglesias tan bacanas porque tienen tal música» o lo que sea, pero son problemáticas muy amarradas a la cultura y no solamente a tal o cual doctrina. Entonces, creo que obviamente en Latinoamérica hay un montón de conversaciones pendientes… Y precisamente quería también preguntarte por una de las conversaciones muy pendientes, que no sé en qué punto esté en Europa, en qué punto esté en Alemania, puntualmente pues en el movimiento de los Hermanos, pero que sé que aquí es bastante complejo y una de las razones por las que, me parece, que es complicado llevar adelante muchos de los proyectos que podrían ser reales con diferencia, marcar diferencia con el evangelio en la sociedad, es con el rol de la mujer en la vida activa de comunidad, en la vida ministerial, por llamarlo de cierto modo. ¿Cómo ha sido para ti abrirte espacio como mujer, desde tu posición tan limitada puntualmente hablando pues del medio eclesiástico en el que estás? ¿Cómo has logrado abrirte espacio? Porque también tú entonces trabajas en liderazgo de jóvenes, trabajas en capacitación para personas que están en formación bíblica desde tu área pues de conocimiento de la sicología… Pero pues supongo que eso ha sido todo un viaje y (risas) y que ha sido todo un nadar contra la corriente. Porque, además, tú continúas aún con tu vida de fe en estas comunidades.
Heydi: Sí, yo pienso que ahí hay dos cosas. Por un lado, está la postura digamos «oficial» de la comunidad, de que las mujeres pues no… «callen en la congregación», ¿no? Es el argumento que dan para todo. Pero también está, por otro lado, la misma apreciación de las mujeres al respecto. Entonces creo que muchas mujeres dicen como, «bueno, pues no puedo predicar entonces pues no hago nada más». Para mí, que siempre he sido muy habladora, muy conversadora y, además, por naturaleza, líder, siempre fue como muy difícil como aceptar al principio esto, como «bueno, ¿y por qué?», y sí, como cuestionarme al respecto. Pero me ha ayudado mucho dos cosas. Por un lado, tener una postura personal y no esperar que la iglesia tenga la misma postura sobre eso. Creo que se puede tener una postura persona sobre algo, algo pues controversial en este sentido, pienso yo, y de todas maneras tener una comunión y someterse pues como en ese sentido, en humildad, en amor, a los principios de la comunidad donde uno está. Pero tener una postura personal me ha ayudado a no cuestionarlo más, sino decir, «pues bueno, esta es mi postura personal, si me preguntan, pero no voy a pretender que toda la iglesia funcione con esa postura». Y, por otro lado, también ha sido un poco de mirar qué puedo aprender de otras mujeres que están haciendo también este trabajo en diferentes ministerios y que, para mí, son como modelos. En Alemania sí me inspiré mucho frente al servicio y al campo de acción de una mujer en la iglesia, porque te repito, la visión de las mujeres en general no era solamente, «no puedo predicar», sino «puedo hacer muchas otras cosas afuera». Entonces todo lo que tiene que ver, por ejemplo, con utilizar tus capacidades, llamémoslo entre comillas «seculares», tus capacidades académicas y lo que has aprendido para servir a otros, lo que implica cultivar relaciones con otros también, lo que implica el liderazgo de grupos «no oficiales», entre comillas, de la iglesia, como grupo de jóvenes, o grupo de adolescentes, o grupo de damas. Entonces me ha ayudado también mucho eso, ver otros ejemplos y, en ese sentido, también implica un poco tomar la iniciativa, ¿no? Ofrecer de alguna forma la disponibilidad y decir: «mira, sé hacer esto, cuando lo necesiten me avisan, puedo colocar al servicio de ustedes esto». Entonces creo que eso ha sido algo que me ha ayudado. Pero, repito, fueron dos cosas, no pelear más contra la corriente, sino decir «tengo mi postura personal, y tal vez eso no vaya a cambiar a nivel congregacional, pero yo pues tengo esta postura», y dentro de lo que sí puedo hacer pues mirar diferentes formas de hacerlo. Y hay mucho que se puede hacer, y no solamente las mujeres, los hombres, todas las personas podrían hacer muchas cosas, mucho más allá de estar parados predicando, que finalmente ha sido como a lo que se ha reducido el servicio, ¿no? Uno piensa que servicio solo es pararse y predicar… Sí, pues incluso hemos tenido esta conversación antes de hasta qué punto eso es lo que se necesita hoy, con las necesidades actuales de la sociedad y con las necesidades actuales de la iglesia… hasta qué punto hacer un mensaje de una hora y media cada semana es lo que más se necesita o lo que es más oportuno para esas necesidades.
Abner: Sí, pero me parece genial porque es como convivir en la diferencia. O sea, esa capacidad de estar… Bueno, yo creo que una cosa mal entendida es como que yo necesito estar de acuerdo con todo lo que pasa en esta iglesia para ser parte de ella y lo que tú dices me ilumina bastante, me parece de resaltar porque tú permaneces en una comunidad con la que sientes una cercanía, una afinidad. Pues crees que tu proceso con el Señor está definido por ser parte de esa comunidad y aportar y entregar también cosas de tu talento y de lo que puedes darle a otros y servir a otros estando en esa comunidad, a pesar de las limitaciones que podría tener con tus propios puntos de vista y de los conflictos que podría tener con tu propio punto de vista. Eso me parece genial y me parece que convivir con esa diferencia es una cosa que necesitamos aprender, porque si no, nos la vamos a pasar toda la vida brincando de iglesia en iglesia porque pues siempre voy a encontrar algo con lo que no estoy de acuerdo, algo que no me parece, una prédica con la que pues no me identifico, o cierto estilo de liderazgo, o lo que sea. O sea, dentro de los procesos que uno explora con Dios, me parece que es muy valioso también reconocer que habrá algún momento en el que uno tenga que negociar y sacrificar ciertas cosas para ganar otras, en términos de comunidad. Me queda muy profundo esa reflexión, y muy chévere de eso que me contaste, muy bacano.
Heydi: Sí, es lo que me ha ayudado. Y también otra cosa es que la misma experiencia, por ejemplo, cuando estuve en Alemania los primeros meses, yo a pesar de que iba a la iglesia, muchas veces llegaba y como llegaba me iba, porque no entendía nada o muy poco. Entonces ese tiempo también me enseñó que mi relación con Dios no depende tanto de una congregación. La parte de la congregación, me parece a mí que lo que nos da, es esa posibilidad de tener comunión, de tener a otros cristianos cerca y de colocar al servicio de esa congregación nuestros talentos. Pero creo que la relación con Dios es una cosa pues muy personal, y en ese tiempo en Alemania, los primeros cuatro meses tal vez, que me costaba mucho disfrutar realmente ir a la congregación, ir a la iglesia, eso me enseñó que mi relación con Dios es mía y tengo que depender exactamente pues de Él y soy responsable yo de cultivar esa relación y no de la iglesia. Entonces en ese sentido también creo que cuando pensamos que la responsabilidad es de la congregación, de la comunidad donde estamos, de fortalecer nuestra relación con Dios, pues no… creo que es un punto de vista errado y que nos hace también perder como un poco de responsabilidad al respecto.
Abner: Claro, sí… y entonces empezamos a echar culpas también y a repartir culpas dentro de las cosas que nosotros necesitamos trabajar en nuestra relación con Dios. Esa es una reflexión muy interesante y bueno… pues me quedo con eso. Creo que le voy a poner ese título al podcast…
Heydi: (risas)
Abner: Convivir con la diferencia (risas)… Genial. Bueno, Teti. Muchas gracias por este rato, te invitaré nuevamente porque quiero que conversemos ya desde un punto de vista más de qué piensa la sicología o qué tiene para decir la sicología sobre algunos temas, especialmente sobre el tema de cómo somos condicionados por el medio y por el contexto en el que vivimos, desde el punto de vista de la fe, también qué tiene que decir la sicología al respecto. Pero eso pues, seguramente amerita una conversación entera para empezar a hacer zoom sobre esos puntos. Espero que me acompañes nuevamente y me alegra que hayamos podido conversar este ratico. De verdad que eres como la hermana que nunca tuve.
Heydi: (risas) Muchas gracias por la invitación y espero que podamos ser exitosos con este podcast y que madre esté orgullosa porque estamos triunfando.
Abner: Se dispararán las visitas, tengo cuatro visitantes desde Alemania y no tengo idea… supongo que son amigos tuyos todos.
Heydi: Toca entonces saludarlos en alemán, porque si no… no se sienten identificado.
Abner: Despídete en alemán para nuestra audiencia más allá del mar, por favor…
Heydi: (risas) Ok… eine kugel kam geflogen…
Abner: «A veces me decía ‘guau'»… vean Les Luthiers para que entiendan los chistes aquí internos de la familia…
Heydi: (risas)
Abner: Cariño, muchas gracias. Un abrazo, cuídate mucho.
Heydi: Ok, bueno, chao. Muchas gracias por la invitación.
Abner: Y gracias a ustedes por haberse conectado con el quinto episodio de Notas Sueltas. Acuérdense de compartirlo en redes, darle «me gusta» y unirse a la conversación. Chao, chao, chao…

[SUENA MÚSICA FINAL]